proposicióन III

Si, sentí miedo.

Un miedo que me turbó, que se movió en lo más hondo y encendió todas mis alarmas, fue miedo mezclado con placer, el placer a lo desconocido, a lo imprevisto, a lo realmente oscuro.
Poco tiempo tuve para asimilar la situación para llegar a definir donde sería capaz de llegar en una situación como aquella que me arrastraba con fuerza sin ni siquiera controlarla. Había algo en aquel detalle que me seducía por completo, desde el comienzo de la velada todo había sido excitante, pero después de que todo se volviera oscuro se tornó amenazante a la vez que intrigante.


A partir de entonces todo lo que siento son sensaciones, no puedo ubicar quien o qué me acaricia, me fundo con ese deseo sexual que todos tienen presente y deseo ser utilizada, ser el canal por el que atraviesen muchas experiencias.
Una mano fuerte agarra mi seno y lo lametea con desesperación a la vez que noto como lo hace con otro más que no me pertenece, la desesperación se torna agresividad y percibo sus dientes clavarse en él, mi grito se quedó en la garganta, el placer en el vientre. Palmean mis nalgas con fuerza, me siento rendida, vencida ante las sensaciones que eran desconocidas pero que no me son desagradables para mi propia sorpresa. La manos y las lenguas que me recorren son incontables, imposible acercar una cifra de personas que andan a mi alrededor intentando rozar mi piel, algunos son salvajes y desbocados muerden mis senos, mis glúteos, otros dulces y tiernos lamen mis heridas con pasión esperando recompensa.
Ahora si, siento un miembro duro rozando mi espalda, noto pequeños golpes con él en los glúteos a pesar de todas las manos que están en mi piel, se desliza hacia mi vientre sin dejar de golpearme cada vez con más fuerza, otras manos agarran las mías que siguen aferradas a las abracederas del techo, un metal frío se instala en mis muñecas, demasiado tarde me doy cuenta que estoy esposada, ya no soy mi dueña, soy su juguete. El miembro que se deslizaba por mi vientre intenta hacerse camino entre mis piernas, mi reacción es cerrarlas temiendo que entrara en mí a la vez que deseándolo, pero sus reflejos son mejores que los míos y no consigo más que aprisionarlo entre mis húmedos muslos. Noto otra lengua abrirse camino por debajo de mis glúteos, entiendo cual es la premisa, la meta, no soy yo ni mi sexo, sino aquel que tengo aprisionado entre las piernas, sigo siendo el canal no el objetivo y me entusiasmo con ello permitiendo el paso de los dos.

Noto abrazos, lenguas que me utilizan como medio de encontrarse con otras, sexos que buscan otro con el que poder acoplarse, jadeos constantes de gentes extrañas que sienten goces extremos, me siento contagiada por ellos, inundada de placer pero vacía de éxtasis. Mis pechos doloridos reciben nuevos mordiscos, peleas entre bocas que quieren poseerlos, arañazos en la espalda que me atormentan y me excitan, bocados encendidos en mis glúteos, en mis piernas, personas que sumidas en el papel de bestias hacen de mi cuerpo su banquete. Sumisión a cualquiera de sus premisas, no me importan los azotes, los golpes, los arañazos que seguro dejarán su marca, siento inesperado placer con ellos, un placer extenuante que me hace arder de deseo, de jadear con aquellos desconocidos ocultos a través del paño de mis ojos. Siento dolor y placer al mismo tiempo, ya no quiero ser canal, quiero ser meta y estallar con ellos. Jugos calientes se deslizan por mi cuerpo, lenguas hambrientas los devoran, mi sexo latiendo con fuerza llorando caldos de mi interior, azotes internos que flaquean mis fuerzas para seguir sosteniéndome. Percibo un susurro en mis oídos, alguien suelta las ataduras de mis manos y me tiende en un lecho.
- Quieres seguir?¿? un paso más?¿?¿
- Si, -respondo sin aliento intentando reprimir las lágrimas.
Esa misma persona hace que todo el mundo se aparte, sigo sin ver lo que sucede pero noto su piel caliente sobre la mía, su lengua suave sobre mi cuerpo y su sexo en mis labios. Ya no soy canal.
Mi sexo recibe sus caricias ansiando tenerlo dentro, no tengo que esperar mucho, noto el fuego en mi interior centímetro a centímetro conforme entra. Todos vuelven a acercarse y mientras duran sus embestidas todos me acarician con suavidad envolviéndonos con ternura. Las cargas son cada vez más violentas a la par que estallaba en una espiral de placer incontrolado. Noté el calor de su líquido mezclarse con el mío, la respiración agitada de mi cuerpo y el suyo exhaustos, momentos íntimos compartidos con todos, la felicidad de sentirme completa, llena de placer y repleta de éxtasis. También noté su retirada suave y la alegría de los presentes, un susurro amargo dándome las gracias y el roce de una prenda entre mis senos.

Cuando desperté en el mismo lugar horas más tarde, tan solo me cubría una camisa roja que olía a placer, no quedaba nadie exceptuando a Claude que me ayudó a levantarme y me acompañó a la habitación donde pude asearme y volver a la realidad, una limusina y un viaje en avión de regreso a mi ciudad.