trabajo y descanso.......por pandora


Habíamos estado trabajando toda la mañana, mi amiga Alba me había pedido asesoramiento y no pude negarme a prestarle la ayuda necesaria. Éramos amigos desde hacía muchos años, nos habíamos conocido solteros, continuamos siendo amigos cuando ambos nos casamos e incluso compartimos veladas entre los dos matrimonios, también seguimos siendo amigos cuando ambos nos separamos de nuestras respectivas parejas. Teníamos en común mil anécdotas compartidas, algunas tristes y otras muy alegres.

Alba era hermosa, alta y no demasiado delgada, con el cabello rubio y ondulado que le llegaba a la base del pecho, su rostro era el de una mujer madura que sabe lo que quiere, de unos ojos verdes encantadores y una nariz achatada que encumbraba unos labios carnosos. De pechos generosos y redondas caderas, piernas espigadas calzadas siempre por unos tacones altos, además era agradable en su trato, y picarona en muchas de sus frases. Era todo un misterio para mí, el porqué no me la había tirado en ninguna ocasión.

Durante la mañana de trabajo que me había pedido que le dedicara estuvimos muy concentrados en nuestra tarea, buenos compañeros pero sin extendernos en nuestra vida personal en el trabajo, teníamos un buen equipo que colaboraba con nosotros y al menos les debíamos estar a su altura. Una de las integrantes de ese equipo era nueva en la empresa desde hacía solo unos meses, Charlotte. Una francesa de cabello negro que le llegaba por debajo de las orejas lugar en el que nacía un esbelto cuello, con los ojos más oscuros que he visto en mi vida, enmarcados por unas cejas perfiladas para embellecerlos todavía más, sus mejillas levemente maquilladas y sus labios de un rosa pálido tentador. Pero lo que más me llamaba la atención era su acento, siempre me ha excitado oír a una mujer hablando francés, el simple susurro de unas palabras puede hacerme perder la razón, es el idioma más excitante y sensual que conozco, da igual lo que digan, en francés suena siempre tan bien…

A media mañana nos merecíamos un descanso, Alba sugirió un café y me ofrecí a traerlo. La máquina de la empresa estaba siendo reparada y hubo que acudir a la cafetería de la esquina, mi amiga con sus buenas intenciones sugirió que me acompañara Charlotte, que sin dudarlo dejó sus papeles en la mesa y se levantó solícita al escuchar su nombre, cualidad que sin duda aprecio en toda mujer.

Nos dirigimos hacia la cafetería entablando una conversación sobre París, yo había visitado la ciudad recientemente y había practicado un poco el idioma, ella se ofreció a continuar la charla en francés y yo no pude más que animarla a que lo hiciera. A partir de ese momento perdí la noción del tiempo, nos tomamos los cafés y pedimos otros para llevar a Alba y al resto del equipo. Mientras disfrutaba del café no pude más que admirarla, como mi francés era bastante escaso me recreé en escucharla, sin darme cuenta seguía el movimiento de sus labios, al principio para entenderla mejor, poco a poco disfrutando de su sonido captando todos sus matices.

Cuando salimos de la cafetería cargados de cafés yo ya no tenía más meta que conquistarla, pero en francés mis palabras halagadoras que tanto gustan a las mujeres no tienen la misma fluidez y no creo que consiguiera interesarla. Al llegar a la oficina, Alba nos esperaba con interrogación en su rostro, habíamos pasado más de una hora hablando y todo el equipo nos estaba esperando. Me disculpé ante todos entregándoles el café y me propuse recuperar el tiempo sumergiéndome por completo en el trabajo. A partir de ese momento Charlotte fue mi guía, ella era la que me proporcionaba todos los informes que iba necesitando y desplegaba todo su conocimiento para que yo entendiera el mecanismo de la empresa y eso que solo llevaba en ella pocos meses, tenía un dominio perfecto de todo el sistema informático, y controlaba todo el proceso de administración de manera sistemática y coherente, me dejó perplejo, cosa que me sucede pocas veces ante las féminas.


Hacia la hora de comer casi teníamos acabado el trabajo, si bien me quedaron algunos cabos sueltos que debería repasar con Alba, todo estaba hecho. Evidentemente Alba que esperaba comer conmigo había reservado mesa en un restaurante cercano que sabía que a mi fino paladar le encantaría, le sugerí que también nos acompañara Charlotte dado que me había ayudado tanto, aceptó y con una mueca divertida llamó al restaurante para informar de que debían preparar la mesa para tres. Decidimos acabar los informes antes para así regalarnos aquella comida de la manera más adecuada. Eran casi las tres cuando llegábamos al restaurante.

Todo había salido bien, Alba estaba contentísima que en tampoco tiempo hubiéramos finalizado el trabajo, me felicitaba a mí y a Charlotte y se felicitaba ella misma por haber acertado al llamarme. Durante la comida relatamos entre los dos algunas de nuestras anécdotas a Charlotte que se divertía de lo lindo con nuestras aventuras, sobre todo en las que nos ayudábamos a ligar con otras personas. Alguna vez habíamos salido juntos de copas, y no hay nada más sexy que ver que la pareja de otro te mira con deseo, siempre y cuando no conozcas al otro, claro. Nos hacíamos pasar por pareja y ella fijaba su presa en algún tipo del local, no cesaba de lanzarle miradas seductoras hasta que este sucumbía y reunía el valor para acercarse a nosotros, entonces yo me disculpaba y me ausentaba, momento que ella aprovechaba para narrar la historia de que estaba aburrida conmigo y que necesitaba algo más excitante, a lo que la “presa” en cuestión se ofrecía inmediatamente a solucionar. Más de una vez había dado perfecto resultado y Alba había tenido alguna noche de sexo desenfrenado en varios lugares públicos, como los lavabos o los aparcamientos de la discoteca. También había funcionado a la inversa y yo también había probado el sexo en los servicios e incuso una vez llegué a dejar que una mujer me lamiera mientras yo disfrutaba a la vez de un Havana Club perfectamente acomodado en la barra. Todas nuestras aventuras deleitaban a Charlotte que no podía creer que hiciéramos eso en realidad, al final optamos por invitarla con nosotros a ir de copas aquella misma noche. Quedamos de acuerdo en que yo las pasaría a buscar a cada una por su casa, anotamos direcciones y teléfonos y nos despedimos después de la comida.

Todo resultó al revés, Alba llamó cinco minutos antes de que yo saliera para decirme que ella iría más tarde, Charlotte se sorprendió cuando al pasar a buscarla Alba no estaba conmigo y creo que hasta pensó que era una de nuestras estrategias, pero aunque para mi la cosa no resultaba nada despreciable, no me gustaba que ella pensara que lo había montado expresamente para ella, si alguna vez lo hago pretendo que la estrella invitada no sea consciente de nada y todo sea fruto de la casualidad, mostrar demasiadas molestias en la conquista de una mujer nunca me da buen resultado.

Para suerte mía cuando llegamos al pub Alba había llegado, había venido directa del trabajo y se disculpó ante Charlotte por el contratiempo. Con aquello la mala impresión que Charlotte se había llevado de mí cayó en picado y volvió a mirarme con la alegría de antes. Pero para mí empezó la tortura, ir con dos mujeres tan bellas a un lugar como aquel era como llevar un jamón a una jaula de leones, todos se daban perfecta cuenta que ninguna de las dos estaba conmigo así que en más de una ocasión me encontré sujetando sus copas mientras ellas bailaban con otros. No me gusta nada hacer de comodín si no me lo han planteado con anterioridad y mi humor estaba empeorando. Una cosa es no comerse una rosca, pero además ver como se la comen los demás es demasiado para mí.

Después de unos cuantos Habanas llegué a relajarme un poco pero ninguna mujer se acercó a mí. Charlotte cansada de bailar se acercó a la barra para descansar.

—Tienes mucha paciencia con nosotras.
¿Qué iba a decir yo, ante aquellas palabras susurradas en mis oídos con acento francés? Además, debido a los decibelios se acercaba cada vez más a mí para hablarme y sin querer, sus pechos rozaban mi camisa a la vez que sus palabras elevaban mi entrepierna.
—No pasa nada cuando quieras te vuelvo a traer—pero yo ya no podía evitar sentirme tentado de tocarla, no puedo ser siempre tan cortés.
Así que sin pensarlo demasiado acaricié suavemente su pierna a la espera de una reacción que me indicara si seguir o no.
—Que atrevidos que sois los españoles, desde que estoy aquí por lo menos cinco hombres han intentado tener sexo conmigo— fue lo que dijo como respuesta a mi caricia. Pero lejos de intimidarme sus palabras tuvieron el efecto contrario y me envalentoné con ellas y con la fuerza de los Habanas, supongo.
—Y de esos cinco, ¿alguno tiene futuro?
—Ninguno de ellos tiene tantos puntos como tú—contestó sin un ápice de vergüenza, característica que también encuentro muy apreciable en una mujer. No necesité nada más.



Rápidamente busqué con la mirada a Alba, se hallaba restregándose con un joven en la pista que he de reconocer que no estaba nada mal, a una seña mía levantó la mano dándome permiso para irme guiándome el ojo hacia Charlotte. Sonreí, a veces las palabras sobran.

Agarré con fuerza a Charlotte por la cintura y la llevé hacia la puerta con la firme intención de salir del local, montarnos en el coche y tumbarla sobre mi cama. Los dos teníamos prisa, nada más subirnos en el coche no pude evitar lanzarme sobre sus labios y besarla con fuerza, pero es un mal principio porque a partir de ahí parar es imposible. Mis manos desabrochaban los botones de su camisa, las suyas mis pantalones, mis labios recorrían su cuello y los suyos musitaban palabras en francés. Tuve el valor de separarme de ella, quería disfrutarla por completo y allí no había espacio suficiente. Conduje hábilmente dado mi estado de excitación, durante el corto trayecto que nos separaba de mi casa, ella no dejó de acariciar mis pantalones, hubo un momento en el que creí que estallaría allí mismo y conduje su mano hacia su falda, con ese gesto ella entendió y se deshizo de sus braguitas con rapidez, aparqué el coche en el vado de mi vecino, el entendería. Salimos medio desnudos a la calle con un frío que desinflaba a cualquiera. Entrando en el ascensor ya le quité la camisa y con sus pechos sobre el sujetador los lamí deseoso. Sus frases en francés no dejaban de excitarme sus mordiscos en mi cuello me enloquecían, abrí la puerta del ascensor con el pie, y rebotando en las paredes del pasillo llegamos a mi puerta con las camisas en un fajo y nuestros cuerpos húmedos.

No nos entretuvimos en nada, ni siquiera le enseñé mi colección de figuras africanas, ni pude dejar que admirara la estupenda decoración de mi piso, ni siquiera nos molestamos en llegar al dormitorio, desnudos por completo dejamos que nuestros cuerpos retozaran sobre la misma alfombra de marca del salón. Fue entonces cuando ella me dejó disfrutar por completo de su cuerpo, mis figuras africanas se hubieran quedado en ridículo ante sus pechos y la verdad, la decoración de mi piso quedaba bastante por debajo de las estupendas curvas de sus caderas. Pero si que hubo algo que si que pudo deslumbrarla, fue sin duda la resistencia de mi físico, mi minucioso recorrido con los labios por su cuerpo, desplegué toda mi sabiduría en su cuerpo intentando colmarla del mejor sexo que hubiera tenido, por la cantidad de frases en francés que gritaba, estoy convencido de que lo conseguí.

Claro, si no hubiera sido, porque después de haberle hecho el amor con toda la energía que podía, no le hubiera dado por hablar con la pretensión de que yo la escuchara, la cosa podría haberse repetido, pero pedirme una camisa para dormir y dejarse el cepillo de dientes fue suficiente para no volver por la oficina de Alba nunca más. Mi integridad seguía a salvo y mis hormonas podían descansar al menos por unos días.

palabras........de pandora.


Las palabras se deslizaron por mis cabellos como el agua de un río que se desliza suave por su cuenca, penetrando en algo más que mi mente, inundando mis oídos con el suave murmullo de su calidez, volviendo a surgir como borbotones en mis entrañas, perseverantes, tenaces, lo suficientemente fuertes como para doblegar todas las barreras que obstaculizaban sus paso, desarmándome, haciendo que una cascada de sentimientos brotara de mi pecho hinchiendo este de ilusiones.


El rostro que yo miraba, sonreía, sabedor de todas las emociones que despertaba el mero hecho de su cercanía, halagado por la respuesta que mis mejillas mostraban, disfrutando de mis reacciones, tratando aquellos instantes como un juego peligroso y excitante.

Un leve viento me sacó del hipnotismo al que me tenían prisionera sus ojos, mis hombros desnudos acusaron el frío, su cercanía me hizo temblar por dentro y como seguido de una corriente que nos uniera posó sus manos sobre ellos, transmitiendo el calor de su cuerpo al mío. Fue suficiente para que mi cuerpo se agitara más violentamente a su contacto, como si un huracán levantara hasta el más mínimo de mis órganos y mi sangre se agitara con él. Mi mirada buscó la suya, como si en aquel momento me estuviese ahogando en el cauce del río, buscaba sus ojos como el mejor amarre para sujetarme a tierra firme. Experto en todas mis reacciones, colocó su chaqueta sobre mis hombros reconfortándome también con sus brazos regalándome un discreto abrazo enmascarado. Pude apreciar su perfume en la prenda, recordaba su olor entre las sábanas de mi cama mezclado con el sudor de nuestros cuerpos agotados, saciados de placer esa misma mañana, por el momento…
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NOTA: OS AVISO DE QUE ÉL HA PUBLICADO aquí UN NUEVO BREVE RELATO......espero que os guste tanto como a mí.

brasas ardientes..........por pandora.




El crepitar del fuego desveló mi sueño, envuelta por su cuerpo y la espesa manta, me quedé mirando sus débiles llamas que antes habían lucido con espléndido brío, pero como todo va quedando en cansadas brasas.

Todo había comenzado muchos años antes, la edad inocente de dos jóvenes ávidos de carne, dos jóvenes que despertaban al sexo con demasiadas pretensiones y poca información. Pero algo bueno tiene la juventud y es el tiempo que le queda para poder aprender.

Contemplé el cuerpo caliente que yacía a mi lado, aparté la manta y recorrí cada parte que se mostraba desnuda. Todo había cambiado, su cuerpo antaño firme y prieto, empezaba a acusar la edad de la misma forma que el mío propio. El paso del tiempo había ensanchado mis caderas, relajado mis senos y muslos, pero en ese tiempo habíamos aprendido algo mucho más importante que el placer de un cuerpo esbelto, habíamos recorrido centenares, millares de veces nuestros cuerpos tanto en solitario como mutuamente, en aquellas excursiones descubrimos mil rincones que nos proporcionaban placeres insospechados, nos confesamos secretos íntimos y fantasías ocultas, exploramos lugares misteriosos pero placenteros, hallamos mil sinónimos a la palabra lujuria, destapamos cientos de botellas para beberlas en la copa de su cuerpo, comimos de las mejores frutas escondidas en grutas ocultas, éramos jóvenes fogosos por definición, nuestros actos estaban marcados por la energía, el atrevimiento, las llamas se vuelven brasas…

Ahora como brasas que somos nos deleitamos el uno con el otro, con la calma que proporciona saber de antemano sólo con una mirada que lugar explorar, a que recoveco dirigir nuestra lenguas, nuestras manos, nuestras calmadas caricias, nuestros besos, nuestros labios, seguimos teniendo la curiosidad innata de los amantes, continuamos en busca de esos placeres que siguen escondidos en cada uno de nosotros, esos que nos llevan a quemarnos con las llamas que a veces aún resultan de nuestras brasas…

Historia de un beso............por pandora





Todo empezó una mañana cálida de octubre, un diario, un café y el banco de una cafetería. Él entró como si estuviera perdido, como si el destino lo acercara a ella pero no entendiera muy bien porqué. Tropezando con su bolso, casi cayó sobre ella que un tanto sobresaltada ayudó a Javier a ponerse en pie. Disculpas avergonzadas de su parte, una sonrisa que respondía “tranquilo, no pasa nada” y ya al final del encuentro, una mirada.
¡Qué mirada! Sus ojos preguntaban todo, ¿Quién podría ser aquella mujer tan delicada? ¿Qué hacía él allí sin tomarla entre sus brazos? ¿Qué más podría decir para alargar aquel momento? Nada. Sus ojos fijos en el inmenso bosque que ella tenía dentro, la miraba con tanta insistencia que ella ruborizada tuvo que apartarla. La vida siguió su camino, corrió el tiempo igual que vuelan las hojas en otoño, deprisa.

Las preguntas quedaron grabadas en el corazón de Javier, maldiciéndose por no haberlas formulado en voz alta, volvió en tres ocasiones más a la cafetería con la esperanza de volverla a ver y atreverse a preguntar. Pero el destino a veces es cruel y de momento para él lo estaba siendo.

Pero, como no para todos, el destino es tan duro, a Esther le reservaba una sorpresa, digamos grata. A última hora de una tarde, su trabajo la llevó a la planta veintiuno del edificio, a la sección de personal, donde un joven balbuceante intentaba darle los papeles que ella demandaba. Le conoció al instante, el joven tembloroso que tenía delante era el mismo de la mirada en la cafetería tres semanas antes. No lo había vuelto a ver pese a que había vuelto a la cafetería unas cuantas veces más confiada en encontrarlo de nuevo, pero no había podido ser. Su corazón palpitaba con fuerza y no era capaz de dejarla escuchar las palabras de Javier. Sus propias palabras quedaban ahogadas en la garganta, el dolor comprimía el pecho, un leve roce acompañado de un rubor fue el desencadenante dirían ellos. Javier juntó las fuerzas para caminar unos pasos, no utilizó las palabras, era un desperdicio, Esther temblaba con fuerza ahora que se sentía tan próxima, dejó que él deslizara su mano hacia su rostro, se dejó perder entre sus ojos oscuros como el fondo de un redondo lago, dejó que sus labios se abrieran para recibir los ajenos, dejó que su energía fluyera y sus manos acariciaran los hombros robustos de Javier, así se fundieron en un beso, en el que se lo dieron todo y se lo respondieron todo. Pero en el fondo yo sé, que todo empezó con una mirada.



Eras tú...................por pandora.




…..Atravesé la verja de la calle con prisa, la tienda estaba al otro lado del patio y no debía entretenerme, pero eso es lo normal, aunque tú no tienes por qué saberlo. Todo estaba como cada día, unos cartones esparcidos ante la otra puerta, los altos árboles haciendo sombra en la mitad del patio, pero algo había diferente. Eras tú. O quizá no lo fueses.

En la parte soleada la vieja mesa de jardín que normalmente está vacía, hoy no lo está, alguien sin camisa se broncea en la silla bajo el sol de octubre, ¿Hubo otro mes mejor?. Se deja acariciar por la suave brisa. Su bebida reposa en la olvidada mesa del verano. No tiene cabello, un rasurado completo, moderno. Al pasar pienso ¿es posible que seas tú? Sé de tu viaje a Barcelona. No me miras, ¿porqué habrías de hacerlo? solo soy yo la que imagina, la que sueña con encontrarte…

El paquete.......................por pandora.




Me había encontrado con José hacia tres días, tropezamos en la panadería por casualidad, nuestros ojos se encontraron entre el bullicio del gentío, la sonrisa los acompañó, su mano rozó levemente mi hombro a modo de saludo, noté la corriente que nos unía, quise retener el calor de su mano en mi piel, pero solo fue un segundo, ninguno dijo nada, ninguno se atrevió, pero yo le pondría remedio....


Pulsé enter, y con ello enviar, no había vuelta atrás, nada podría cambiar lo que sucedería a partir de ahora. Un sencillo pedido, unas breves instrucciones y la cadena se había desatado, al menos esa era la intención. El paquete se dirigía a mí.



El paquete fue preparado inmediatamente por Inma al llegar el correo, ella misma se sintió excitada al prepararlo, un cosquilleo le bajó del estómago, y la sonrisa apareció en su rostro, pensó en Javier, su marido, y en los breves minutos que faltaban para su encuentro. Cuando este apareció en la puerta, Inma ya había acabado de envolver el paquete y de etiquetarlo según las instrucciones del cliente, hizo entrar a Javier arrastrándolo al mostrador del sex shop, cerró la persiana por dentro y la puerta con llave. Javier asombrado no interrumpió ninguno de sus movimientos, dejó que ella, picarona, lo desnudara allí mismo. Dejó que bajara sus pantalones y dejara su sexo al descubierto, dejó que Inma lo lamiera, lo comiera y lo devorara como si no hubiera comido en mucho tiempo, estaba alucinado por la manera en la que ella lo había recibido y empezó a pensar si no habría olvidado alguna fecha especial y aquel era el regalo que Inma le estaba haciendo. Mientras su boca se deslizaba húmeda por su miembro, decidió que no podía ser, y se dedicó a disfrutar del recibimiento.
Allí, con Inma arrodillada delante de todos aquellos penes de silicona, de medias con abertura, cremas de todos los sabores y un paquete sobre el suelo al pie del mostrador con un envoltorio poco habitual, Javier llegó al orgasmo. Notó los calambres en sus piernas, miró la boca de Inma, el pintalabios rojo de sus labios le excitaba, se movía frenética y le miraba mientras lo hacía, no pudo evitar llegar tan rápido, fue violento, lanzó un gran gemido mientras sus fluidos cayeron esparcidos por la boca de Inma, el suelo, incluso llegaron a manchar el paquete que esperaba a ser enviado en el suelo, pero ellos no se dieron cuenta.


La mañana siguiente Alberto encontró el paquete en el suelo al entrar en la tienda, se agachó a recogerlo y lo dejó sobre el mostrador, sabía que Inma lo había dejado allí para que él lo viera y lo enviara de inmediato. Al recogerlo sintió una ráfaga de deseo, el olor que desprendía el local le excitaba, -el olor del sexo- se dijo, sonrió para si mismo, ¡que suerte tenían algunas! Se colocó detrás del mostrador, marcó un número de teléfono y habló unos segundos con el paquete entre sus manos, colgó y dejó el paquete al lado del teléfono. Empezó su trabajo como cada día, la rutina de siempre. Un par de clientas, vendió unas bolas chinas y un vibrador, buena mañana para el negocio.

A media mañana, un muchacho con el casco mal puesto sobre su frente entró en el sex shop, lucía en él una pegatina del servicio de mensajería, Alberto levantó la vista de los papeles para fijarse en el abultado paquete que lucía el motorista, cuando este le habló, le costó mucho levantar la vista para mirarle los ojos, sintió la llama del deseo que había experimentado al llegar a la tienda. Fue hasta el mostrador por la parte de afuera, se inclinó para recoger el paquete que antes había dejado junto al teléfono, al instante notó el peso del cuerpo del motorista sobre el suyo, vio el reflejo del casco en la vitrina llena de penes de silicona, sintió la presión que ejercía el bulto de la entrepierna del motorista, la excitación se desbocó por ambas partes. El paquete volvía a estar en el suelo, los pantalones de ambos también, fuertes sacudidas empujaban a Alberto contra el mostrador, un bote de crema lubricante estaba desparramado por el cristal del mostrador, resbalando por él hasta caer en el suelo manchando el paquete, listo para enviar, a su paso.

Juan, el motorista entregó el paquete que había recogido, veinte minutos más tarde de lo que tenía marcado, dejó el paquete en la central de mensajería, la muchacha de recepción lo ignoró por completo, el paquete lo incluiría Cristina en el turno de tarde, para que saliera en el camión de las cinco.


Cristina, al entrar en su turno de tarde, cogió un montón de sobres y los puso sobre el paquete, apretando el conjunto sobre su pecho, al hacerlo inexplicablemente sus pezones se irguieron, rozaban con el delicado sujetador a cada paso que daban. La nave de carga estaba un poco apartada, tuvo que caminar un largo trecho para encontrar la zona donde se cargaban las sacas en los camiones, mientras andaba, notó también su sexo extrañamente húmedo, los sobres y el paquete debían salir a su hora.

Ramón sonrió nada más verla, su corazón pareció palpitar más rápido, la muchacha parecía contonearse solo para él. Cristina acercó el paquete a Ramón, que alargó los brazos para recogerlo, sin querer, su mano rozó la camisa de Cristina notando la dureza de sus pezones bajo ella, su mirada se cruzó, la erección de Ramón quedó escondida bajo el ligero paquete que ahora tenía en sus manos, su boca se humedeció, la saliva se le acumuló en los labios resbalando por ellos. Cristina lamió los suyos en un acto totalmente irreflexivo, como si quisiera recoger la saliva de Ramón en los suyos. Este, nervioso se dirigió con el paquete a la parte trasera del camión, Cristina le siguió atraída por él. Subieron al remolque lleno de sacas, dejaron el paquete y los sobre una de ellas, y acto seguido comenzaron a besarse de forma salvaje. Las ropas de ambos desaparecieron en el interior de los enormes sacos, Ramón se volvió loco mojando con su saliva el cuerpo de Cristina, mordía con desesperación aquellos senos turgentes, Cristina gritaba de placer a cada bocado. Con los brazos fuertes la doblegó y tumbó sobre la saca que contenía el paquete, el sudor mojó el envoltorio y su peso lo aplastó en parte, no se preocuparon por ello, continuaron alimentado el deseo de sus cuerpos. Ramón abrió las piernas de Cristina, saboreó su ya húmedo sexo y la embistió con desesperación, fuertes sacudidas hicieron que no dejara de gritar, que acompañara los movimientos de Ramón con los suyos, moviendo la caja del remolque con ello.

Nadie pareció darse cuenta de las cartas y paquetes arrugados cuando llegaron a su destino, solo José, el mensajero que llevaría el paquete al destinatario final. Cogió el paquete sorprendido del mal estado en el que se encontraba, salpicaduras diminutas rodeaban una parte, una gran mancha del algo húmedo había estropeado todo el lateral, y parecía que alguien empapado se hubiera sentado sobre él, solo esperaba que lo que contuviera no hubiera sufrido ningún daño, sobretodo, porque vio a quien iba dirigido.

Dejó el paquete en su coche, dejándolo para la última entrega, un cosquilleo le acompañó toda la mañana, no había dudas de la procedencia del paquete, imaginaba una y otra vez el contenido que tendría, se excitaba con ello, mientras que dejaba paquetes en locales, fábricas, y tiendas tuvo múltiples erecciones, se imaginaba a Susana, tendida en la cama, acariciándose el cuerpo despacio, utilizando los productos típicos de sex shop.

Acabando la jornada llegó a mi casa, yo esperaba impaciente que sonara el timbre de la puerta, la entrega estaba garantizada antes de las siete. No me quitaba los ojos de encima mientras me pedía que firmara en el resguardo, nos quedamos unidos sosteniendo el paquete cada uno por un lado, conectamos a través de él como si una corriente nos uniera. Era la primera vez que estábamos solos, la casa vacía, mi cama solitaria, los dos lo deseábamos.

Del paquete se desprendían aromas que nos embaucaron, seguíamos mirándonos, nos arrastró una oleada de deseo que nos obligó a arrancarnos la ropa, hecha jirones quedó en el suelo, la puerta quedó abierta, el camino a mi dormitorio era demasiado largo, el pasillo y la escalera fueron nuestro lecho, los escalones se convirtieron en plataformas donde sentarnos dependiendo de la zona que decidiéramos besar, acariciar, o arañar. Todo era lejano a la vez que cercano, me descubrí lamiendo, comiendo y devorando a José, como Inma había hecho con Javier, me dejé acariciar por la lengua de José, como Cristina había hecho con Ramón, noté las embestidas, como Alberto había sentido las del motorista, acompañé cada una con mis movimientos como Cristina hizo, sintiendo a través del paquete cada suspiro y cada gemido que había ocurrido cerca de él.


El paquete cumplió al dedillo todo lo que había prometido el sex shop cibernético, desde entonces hacemos juntos nuestros pedidos regularmente, y creo, por el estado en el que llegan, que no solo nosotros disfrutamos con ellos.....

blog del día


Hola a todos, tengo que deciros que he recibido la nominación al Premio Blog del Día, desde el blog titulado El blog de Maru Canales. Ahora viene el discurso:
Me gustaría darle las gracias a Maru por los elogios en su blog, realmente me hace mucha ilusión porque me da energía para seguir escribiendo, sobre todo en un momento en el que flojeaba un poco, este premio me eleva la moral y da aliento para continuar. Ala, se acabó el discurso, gracias, gracias, a todos los presentes!!!!!!!!
Este premio se otorga entre escritores de blogs, como reconocimiento al trabajo, al esfuerzo, a la belleza, la poesía, la originalidad o el diseño. ejem, como sube el ego!!!!!

La segunda parte es bastante más difícil porque te insta a pasar el premio a siete blogs y como sabéis, leo bastantes más, así que es difícil porque tengo que elegir de entre ellos, que nadie se enfade entonces. Ya de antemano pido perdón a los que no podré nominar.
Pinchando en cada nombre podéis descubrir sus blogs si no lo habéis hecho aún, un consejo: dejaros sorprender por cada uno de ellos como yo hice en su día.

El vecino del cuarto, por ser inspirador de mis mejores sueños, porque siempre está ahí, porque trabajó en su personaje de una manera tan mágica, que me sedujo con sus palabras, después, conocerle fue todo un placer, y ahora, seguir sus pasos entre los párrafos de sus escritos se convierte en nuevas miradas desde su ventana, toda una delicia poder mirar a través de ella.



Crueles pensamientos, porque su elocuencia me hace sonreír, sus palabras irónicas, sus posturas seguras, y últimamente con algunos de sus cuentos, me arrastran a leerla con admiración sincera. En su blog sobran comentarios de halagos, de todos modos ella sabe lo que vale. Desparpajo y convicciones que hacen de su lectura algo fresco y sencillo, donde olvidarte de lo horriblemente cotidiano.


Itoitz (mi estación literaria), cuando lo descubrí, pensé que era un escritor que almacenaba ideas en un blog, todavía sigo sospechando, aunque en realidad, lo tengo muy claro. Es un gran contador de historias, sean reales o no, son de esas que te ponen la piel de gallina o acercan las lágrimas a tus ojos, historias que emocionan, que calan, que llegan al corazón. Un lugar para relajarte leyendo sus palabras, dejándote seducir por ellas.



Prometeo encadenado, desde el principio me enganchó el humor de sus historias de Mara, ha creado en su blog una atmósfera que me atrae, que me hace sentir que he llegado a un refugio donde siempre seré bienvenida. Sus poesías despiertan sensaciones dulces y sus críticas sociales con lengua afilada y de fuertes convicciones no dejan indiferente. No sé si es consciente de que su personaje es muy polivalente con su sexo, llevo bastante leyendo su blog y hasta hace no mucho, no podía identificar si era hombre o mujer, no lo desvelaré ahora, es parte del misterio…..



Hombres y mujeres, En su blog se puede opinar con total tranquilidad, es un blog abierto a la discusión, él se encarga de ello. No sabría decir porqué me gusta más, si por lo que escribe o por los debates que se montan en los comentarios. Provocador, belicoso, manipulador, ególatra, no se corta ni un pelo en lo que escribe….. pero no sé si será por como soy yo, o lo he llegado a deducir con sus escritos, en el fondo, creo que anda perdido intentando entender a las mujeres, por eso provoca esas reacciones.



¡Y yo sin estos pelos!, podría decir que es humorista, pero sería cruel por mi parte, porque no sólo me hace reír, sino que también obliga a reflexionar. Sus monólogos parten de situaciones cotidianas que para alguien como yo pasan a mi lado sin darme cuenta, pero él las transforma en historias que entre la acidez y el humor, arranca sensaciones que no conocía. Da la casualidad, de que de vez en cuando presenta un monólogo en el público real, el de carne y hueso, ese que sabes por su rostro si le gusta o no lo que dices, todavía no he podido asistir, pero lo haré, no puedo perderme la sensación de ver la reacción de la gente ante alguien que yo ya conozco, al menos virtualmente.



Aires abiertos, su blog es como la casita escondida en el bosque, muy pocos la conocen, pero cuando alguien la descubre siente que ha encontrado algo importante. Sus dibujos son fantásticos, eróticos, sensuales, sin artimañas artificiales que nos confundan, son reales. Sus palabras son breves a veces, pero cargadas de un sentimiento que se transmite con cada letra, con cada pausa.


un beso a todos, pandora.
Pd.- acabo de darme cuenta de que uno de los blogs que yo he nominado ya tiene el premio al blog del día, iba a cambiarlo, pero no me parece justo porque todo lo que escribí de él es lo que me transmite, así que tiene premio doble!!!!!!

Una escapada.............por pandora


Me había sentido obligada a irme de vacaciones, la ciudad, y su gente, mis amigos y familiares, el calor, todos y todo me estaba agobiando de tal manera, que había decidido tomarme un respiro, aunque sabía que ella no regresaría aunque lo hiciera. Ella había decidido dejarme, decía que se había enamorado de un hombre, para humillarme más, si cabe. Todavía no había averiguado si era cierto o era una mera excusa para que no intentara hacerla cambiar de opinión, pero el caso es que había conseguido su objetivo, no intenté forzar la situación, no intenté convencerla de que se quedara a mi lado, no lo hice y por eso me sentía tan mal, ¿quizá no la quería lo suficiente?, me preguntaba y contestaba yo misma a cada momento, ¡si que la amaba! Y mucho, pero hubiera sido mucho peor para nuestros recuerdos, haber montado un número de celos como punto final de la relación, yo quería recordarla como siempre había sido, una ráfaga de alegría que me inundaba cada vez que sonreía.

Pensé que un pequeño hotel a orillas del mediterráneo sería perfecto para mi retiro, digamos… espiritual. Hice la reserva y la elección por Internet, las fotos del lugar llamaban al descanso. La cosa fue un tanto diferente cuando llegué al lugar, abundaban los turistas y los niños que a base de berrinches conseguían que sus padres hicieran lo que ellos querían. Estuve a punto de darme la vuelta cuando entré en el hall, pero me obligué a quedarme. Una recepcionista guapísima, con una enorme sonrisa me ayudó con los trámites de la habitación, noté al segundo que estaba intentado ligar conmigo, no dejaba de morderse el labio inferior y si no hubiera estado tan decaída, seguro que me hubiera excitado. Debió darse cuenta de mi ánimo, me preguntó si mi intención era descansar y le respondí con un sí bastante distante, dejando muy claro que no conseguiría nada, quizá, cuando me hubiera instalado, me tomaría una copa con ella en el bar del hotel, nada más.

Mi habitación no me decepcionó, era tal y como mostraban las fotografías de la web, deshice la maleta sin el menor cuidado ni orden, incluso el mal humor me rondaba. Siempre que iba de vacaciones era ella la que deshacía el equipaje, con el pulso acelerado me puse un bikini cualquiera de la maleta, un pareo y cogí un libro “El descanso de Sertorio” en edición de bolsillo, cerré la puerta de un portazo y fui derecha a la piscina.

Era un remanso de paz, no me explicaba donde podían esta aquellos niños llorosos, pero solo había tres o cuatro personas, adultas todas y bastante apartadas entre ellas, lo cual significaba que ninguno intentaría mantener una conversación superflua conmigo, sonreí, aquello me gustaba, por fin mi buscado descanso. Unas estupendas hamacas pendían entre las palmeras que rodeaban el borde la piscina, las toallas enrolladas formaban pirámides diseminadas entre ellas y cojines de color crudo se amontonaban bajo la sombra. En momento que hice ademán de tumbarme en una de ellas, lo suficientemente alejada de la piscina bajo una enredadera de jazmines, un muchacho joven se acercó, acomodó una mesa baja y me preguntó que querría tomar, le pedí agua y pareció sorprendido por ello, supuse que estaría acostumbrado a cócteles de nombres imposibles y cervezas enormes.

Por fin pude abrir mi libro, dejarme seducir por letras y palabras, olvidarme de mí, para sumergirme en una historia que, por no ser la mía, ya me parecía sugerente. Cerré los ojos lo que solo me pareció un instante, al volver abrirlos la sombra me había abandonado por completo y el ardiente sol se había propuesto socarrar mi blanca piel. Dejé mi libro sobre la mesa donde el agua permanecía intacta, salí de la tumbona y me dirigí a la ducha de piedra para darme un baño, cuando percibí que no me encontraba tan sola como imaginaba.

Entre los arbustos, lo primero que vi fue un pie con las uñas pintadas de un rojo pasión precioso, una pedicura perfecta. Conforme mis pasos avanzaban mi visión fue aumentando, a la pedicura perfecta, le acompañaba un par idéntico que se movía sin cesar de arriba abajo, y a ambos les seguían unas hermosas piernas bronceadas, y unas caderas firmes aprisionadas por un minúsculo bikini color rojo. Las caderas se estrechaban en una cintura coronada por un piercing en el ombligo, sobre un vientre planísimo. Yo seguía avanzando y miraba furtiva aquel cuerpo, mi vista consiguió divisar la parte de arriba del bikini, una cuerda con dos triángulos que, acertaban escasamente, a cubrir una parte minúscula de unos senos esbeltos, dejando claro que no necesitaban sujeción de ninguna clase. Me dejé seducir por un rizo rojizo que se arremolinaba entre la cuerda suelta del cuello alargado, mis ojos continuaron por el angulado mentón encontrando a su paso, unos labios sensuales, carnales, voluptuosos, en aquel momento me parecieron perfectos. Siguiendo con el camino que me había marcado en dirección a la piscina no podía ver nada más, me di cuenta de ello demasiado tarde y no pude tomar otro camino sin dejar claro que lo que quería era verla.

Llegué a la ducha, sudorosa y con una sensación de desasosiego en el pecho. En la piscina intenté relajarme y disfrutar de aquellas plácidas aguas, de los chorros que emergían de sus paredes y de los que caían en cascadas sobre mis hombros. La visión del cuerpo de aquella mujer desconocida me turbó durante mucho rato, pero conseguí zafarme de ella planificando el resto del día, si me mantenía ocupada no pensaría en nada, ni en aquella mujer, ni en la otra. Tenía la sensación de que me estaba dejando arrastrar por emociones que no podría soportar. Al salir de la piscina, respiré aliviada pues la mujer había desaparecido.

Por la tarde acudí a una clase de arte floral y pasé un par de horas en la biblioteca del hotel, cuando se acercó la hora de la cena subí a mi habitación y tomé otro baño, esta vez la camarera del hotel había dejado junto al tocador sales de baño y aceites frutales para la piel, y opté por utilizarlos. Llené la inmensa bañera mientras yo me frotaba con una crema exfoliante, la retiré con una esponja y me sumergí en el agua caliente, dejé que las sales se fueran disolviendo a mí alrededor. Unas cuantas bolas de aceite flotaron entre la espuma, jugueteé con ellas entre mis dedos mientras seguían flotando, noté como rozaban mis pechos, mis pezones se irguieron al momento, ¿Cuánto tiempo llevaba sin hacer el amor? Meses, era la respuesta, pero lo cierto era que tampoco lo había echado en falta, mis pensamientos giraban alrededor de otra persona y no podía parar a pensar en mis necesidades. En ese momento recordé que en uno de mis cumpleaños, Ana me había regalado un juguete vibrador con forma de gusano que me aseguró que haría mis delicias cuando ella no estuviera, sonreí, ¡cuanta razón había tenido! y que bien que me hubiera venido tenerlo a mano en aquel momento. Prescindí del gusanillo y dediqué tiempo a acariciarme, las manos impregnadas de aceite se deslizaban sobre mi piel, con ellas accedí a todos los rincones de mi cuerpo, dejé que el agua entrara dentro de cavidades que llevaban sin abrirse mucho tiempo, dejé que mis pechos se enfriaran con el contacto del aire como si dos islas flotaran en medio de un gran mar. Con los dedos calientes acariciaba los pechos fríos, noté el calor en mi vientre, palpitaciones en mi sexo, escalofríos en mi nuca.

Salí de la bañera sumida en una bruma clara, me sequé despacio, observé mi cuerpo en el espejo. Nada que no debiera estar, me dije a mi misma. Sonreí, me pareció recordar algo, fui hasta la maleta que había guardado en el armario, corrí una cremallera, introduje la mano y saqué un pequeño neceser de color dorado, lo abrí y ¡si! allí apareció el juguete de Ana, junto con una crema lubricante con efecto calor, unas bolas chinas, un pañuelo largo de color negro, que habíamos utilizado alguna vez par vendarnos los ojos, un par de esposas negras y algunos juguetes más que habíamos utilizado en múltiples ocasiones las dos juntas, sobre todo en el último viaje que hicimos, hacía ya, mucho tiempo.

Me tumbé en la cama con el gusanillo en mi mesita, acomodé los cojines, derramé crema entre mis dedos y con ellos rodeé mis pezones, su dureza me excitaba solo con mirarlos. Mis expertos dedos recorrieron el camino más lento que conocían para proporcionarme el placer que necesitaba, me estrujé los pezones con los dedos hasta que casi me dolían, con suavidad fui pasándome la yema de los dedos sobre mi cuerpo, erizando mi piel a su paso. Acaricié la cara inferior de los muslos hasta que mi sexo se movió por inercia buscando su contacto, con movimientos giratorios y lentos exploré cada rincón, acaricié cada recoveco que vibrase bajo su contacto. Sin darme cuenta añadí más crema a mi humedad, mis fluidos se mezclaron entrando en lo más profundo, mis dedos rápidos aprovecharon para introducirse dentro de mí, con la otra mano seguía girando los dedos en círculos alrededor de mi clítoris, notaba como las vibraciones se acercaban a la zona donde giraban mis dedos, los saqué y alargué la mano hacia la mesita, encontré el gusano de Ana, lo introduje con fuerza en mi interior hasta que solo lo podía agarrar por unos pocos centímetros, lo giré y noté el lugar exacto donde estaba alojado, emprendí unos movimientos rápidos y rítmicos, entrando, saliendo… mientras que la otra seguía acariciando el clítoris, los movimientos de la mano fueron acompañados de la pelvis que se movía frenéticamente al compás, mis gemidos alcanzaron un nivel más elevado hasta quedar reducidos a un jadeo constante, noté las contracciones que intentaban atrapar al gusano en mi interior, mis movimientos continuaron rápidos no dejando que sucediera, gocé de cada momento mientras mis líquidos se desparramaron sobre las sábanas blancas de algodón, quedé exhausta sobre la cama, temblando y sudando, dejando que mis contracciones fueran remitiendo abandonándome a un sueño plácido.

Cuando desperté, la hora de la cena había pasado y un hambre feroz se removía en mi estómago, me vestí con un sencillo vestido color verde de tirantes y salí en busca de algún lugar que prepararan bocadillos.


Me levanté a la mañana siguiente con energías renovadas, desayuné copiosamente en el buffet del hotel y sin pensarlo volví al lugar de las hamacas para pasar la mañana tomando el sol y leyendo, aunque si he de ser sincera conmigo misma, también fantaseé con encontrarme a la mujer de rizos rojizos y pedicura perfecta. Mi hamaca del día anterior estaba libre y creo recordar que incluso había menos gente que el día anterior, pero ella no estaba, me resigné y dejé que el sol intentara abrasarme por un rato.

Volví a quedarme adormilada bajo el sol y cuando desperté me encontré con la mirada de unos ojos marrones clavados en mí con todo descaro. Aquellos ojos iban acompañados de unos labios carnosos que yo había mirado anteriormente, me sonrojé al ver que no apartaba la vista. Sonreí porque no sabía que más hacer, ella a su vez sacó su lengua para repasar sus labios con ella, quedé como hipnotizada con aquel movimiento, la seguía con la vista mientras se levantaba de su tumbona y se acercaba a mi hamaca. Los temblores empezaron cuando deslizó suavemente su mano sobre mi pierna, se detuvo y buscó mi aprobación con la mirada, supo ver en un breve instante que podría hacer conmigo todo lo que se propusiera, que en ese momento era suya. Me acarició tan despacio, que casi podía notar cada músculo moverse a su contacto. No me di cuenta de lo que estaba ocurriendo hasta que me vi sumergida en aquella espiral de placer que me arrastraba, no conseguía controlar los movimientos de mi cuerpo que se había abandonado al placer que ella me estaba ofreciendo. Intenté protestar, decirle que estábamos en un lugar público y que nos podía ver cualquiera, pero a la vez que intentaba decírselo, me excitaba el hecho de que realmente pudiera ocurrir.

Rozó la braguita de mi bikini con los dedos resiguiendo con ellos la forma de triángulo que se formaba entre mis muslos, no intentó levantar la licra verde, solo pasaba por encima de ella con una suavidad que dolía en lo más profundo. Llevó su mano a mi nuca y encontró el lazo de mi bikini, estiró del cordón que se deshizo rápidamente y mis pechos quedaran al descubierto. Se dedicó a rodearlos con la yema de sus dedos dejando que de vez en cuando aprisionaran mis pezones entre ellos. Sin saber muy bien cuando pasó, acercó su boca a la mía, con su lengua repasó mis labios abiertos y sedientos, mi lengua buscaba la suya, mis manos intentaron acercarla más todavía y la agarré por los largos rizos rojizos, la besé con desesperación. Sus labios se separaron de los míos para dirigirse a mis pechos, con la misma suavidad y lentitud que antes había utilizado con sus dedos, ahora lamía mis pezones endurecidos. Mi desesperación iba en aumento, la necesidad de sexo compartido de mi cuerpo me descontrolaba, pero su ritmo seguía siendo demasiado lento para mi ansia y mi cuerpo se contorsionaba a cada roce de su lengua.

Mis labios necesitaban saborear su cuerpo como ella hacía con el mío, con las manos en su rostro y mi boca en sus labios, la hice levantar para apoyarla sobre la palmera de la que pendía mi hamaca, seguí besándola mientras que retiraba con una mano el pareo color rojo que la envolvía, desaté el lazo de la braguita del bikini dejando que cayera hasta sus rodillas, sin mirarla todavía, con mi boca comiendo de la suya, desaté también el sujetador del bikini que quedó colgando del cuello por otro lazo, sus pechos se frotaban con los míos, el sudor de ambas se mezclaba fabricando entre ellos un lubricante entre nuestros cuerpos. Noté un movimiento entre unas palmeras cercanas y supe que había alguien mirando, unas pequeñas risitas que fingían que nadie las había oído se escucharon entre el viento, mi excitación iba en aumento al imaginarme una escena como la nuestra a escasos metros. Me retiré unos centímetros para contemplar todo el cuerpo que se me ofrecía, mi boca caliente no se entretuvo y se lanzó a explorar la piel morena de ella, de su boca partí por el cuello, su cabeza cayó hacia atrás apoyándose más en la palmera, me abrió el camino hacia el valle de sus pechos, teniendo que elegir un camino u otro, opté por humedecer con mis labios un pecho mientras acariciaba el otro con mi mano, alternando mordiscos y caricias, besos y apretones. Me deslicé por su vientre coronado por aquel piercing lo envolví entre mis labios, acariciándolo con la lengua, noté su vibración bajo mi lengua, escuché sus gemidos que debían ser escuchados desde el seto donde antes había oído las risas. No me importó, continué rodeando su vientre con mi lengua. Bajé mi mano hacia su sexo desnudo, la braguita seguía en sus rodillas, sus fluidos escapaban de su cueva humedeciendo a su paso el interior de sus muslos, mi boca se lanzó sedienta a beber aquellos jugos que escapaban para calmar mi sed, su cuerpo empezó a contraerse a cada caricia de mi lengua, sus movimientos hasta ahora lentos y suaves se convirtieron en convulsiones bruscas y rápidas, mi sexo palpitaba con cada movimiento que ella realizaba, mi cuerpo demandaba atenciones pero el suyo gritaba que necesitaba más, mientras que mi lengua seguía lamiendo cada uno de sus pliegues mi mano se deslizó entre mi bikini y se movió con destreza sobre mi sexo húmedo caliente y palpitante. Ella alargó la mano hasta mi cabeza donde me apretó con fuerza, entendí que quería que acelerara mis movimientos, y lo hice tanto con mi lengua como con la mano que acariciaba mi sexo, mi lengua entraba y salía del túnel oscuro que cobijaba entre sus muslos, los movimientos bruscos de su pelvis me obligaron a abandonar los dedos que ocupaban mi sexo para introducirlos en el suyo, con fuertes embestidas su cuerpo tembló, una corriente de fluidos corrieron por mi mano y mi boca deslizándose hasta el suelo, un grito retumbó sobre mis oídos notando enseguida como su cuerpo se dejaba vencer por un orgasmo. Me sentí en ese momento poseedora del cuerpo más bello que jamás había visto.
Separé mis labios de su sexo cuando noté que se relajaba, pero eso solo duró unos segundos puesto que vi en su rostro la expresión de hambre y lujuria que yo debía haber tenido anteriormente.

Dejé que me tumbara en la hamaca en sentido contrario al habitual, se arrodilló delante de mis piernas y con un gesto rápido se deshizo de mi bikini, separó mis rodillas y admiró mi sexo jadeante, abierto por completo como una flor en verano, yo ya jadeaba presa de un ansia terrible, sonrió antes de lanzarse a beber los jugos que ya se escapaban, lamió, chupó y mordió mi sexo unas pocas veces antes de que se me escapara sin remisión un orgasmo total que me hizo tambalear bajo sus manos y labios, siguió acariciando mi sexo hasta que notó que las convulsiones de mi cuerpo fueron aflojando, dejándome sumida en un ligero sueño que se vio interrumpido por los susurros y jadeos que se escucharon unas cuantas palmeras más atrás. Nos miramos y sonreímos, las dos sabíamos lo que acababa de ocurrir allí cerca.

El viaje resultó ser de lo más placentero después de todo, quizá haya que repetirlo más a menudo…