Y ESTA NAVIDAD……cuántas veces?¿?¿¿?¿?



No lo habéis notado, la gente está hablando, no lo hace muy alto pero ya ha empezado no hay quien lo pare, socoooooroooooooo¡¡¡¡¡¡¡¡¡ LA CENA DE NAVIDAD.
Hay que empezar a organizarse, porque no solo hay una cena de navidad, hay un montón podría ser como el titulo de una película: navidad I navidad II navidad III etc., pero siempre pasa lo mismo, terceras partes nunca fueron buenas.
La primera cena con la empresa, en mi caso con la de mi marido, gente que no conoces solo la ves en esa cena y no te acuerdas ni de como se llaman. Como no los conoces quieres causar buena impresión e ir muy mona pero seria. A mi marido cada año le cargan el muerto de reservar el restaurante, por cierto el me lo carga a mi, pero solo me lo dice tres días antes del acontecimiento, pero a él se lo encargaron en octubre. Todo muy selecto ya veis. Restaurante caro, paga el jefe, y además contento. Se requiere llevar el coche limpio por si te lo tiene que aparcar alguien, nunca llevamos mi coche, sale la basura por la ventanilla trasera.
La segunda cena es la familiar y te toca el día que te toca, que en mi caso son todos los que están marcados en rojo en el calendario, o bien cocino yo o otro de la familia pero el caso es que nos vemos los mismos todos los días, pero en casas diferentes. No me extraña que no nos volvamos a ver hasta el año siguiente, acabamos hartos. Los problemas comienzan cuando te toca cocinar a ti, porque a tu suegra no le suele gustar lo que tu cocinas, porque claro, no has contado con que tiene colesterol, además de azúcar, tú suegro padece de la próstata con lo cual no parara de ir al baño continuamente, lo tienes que situar cerca de la puerta por que con lo grande que el piso se tiene que levantar la mitad de la mesa para llegar a la puerta, y eso sin beber demasiado porque si no acaba sentado encima de la falda de la tía Paquita y estas bromas a ella no le gustan. A tu tía Angelita aléjala lo que puedas del tío Fermín porque después del segundo plato se tiran lo que encuentran a la cabeza. Te has pasado los tres últimos días cocinando y ya no puedes mas, cuando pillas la silla ( de la terraza en el mejor de los casos) no te quieres levantar, no pienses que has acabado, ahora te toca ser la perfecta anfitriona, preguntar si todo está bueno, si quieren mas, pero aunque no preguntes te pedirán que les traigas agua fría, porque en la mesa solo hay natural, o un vaso para la coca-cola, porque las copas finas que has puesto no van bien(ya se que es cierto, pero no lo pueden decir antes de que me siente) Bueno cuando acaban con el primer plato tu no te has sentado todavía, así que decides que no te lo comes , y pones el segundo, mas de lo mismo, cuando por fin pones el postre y los consabidos turrones, pones el culo en la silla y coges tu trozo de turrón, prácticamente es lo único que saborearás esa noche, pero la mano de tu madre se acerca por detrás y te lo arrebata diciéndote, ¡no te lo comas que engorda y no te hace falta engordar más! Al fin tú piensas que al menos te viene bien para eso para no engordar, pero tienes muchos días para recuperar lo perdido.
La tercera cena de navidad es la que como no te quedan mas días, te los inventas y quedas con los amigos para cenar todos juntos y como no te toca cocinar a ti. Calculo que este año cocinaré en diferentes días para unas 50 o 60 personas, siempre hay alguien que se apunta en el último momento.
También hay gente que lo anula en el último momento, pero claro, nunca, nunca, es mi suegra ¡que pena!


En fin, este texto es recuperado de las navidades anteriores y no puedo dejar de pensar en que siempre me ha parecido todos los años igual, pero me equivoqué, este año solo cocinaré un día, el restaurante de la empresa lo eligió otro, y en mi casa se comerá plato único servido frío, así que ahora entiendo porque estas navidades parecen ser diferentes!!!!!!
Lo único que no cambia es el estrés de las compras, eso me sigue tocando a mí. Lidiar con las dependientas de las tiendas de juguetes que siempre están agotados saca mi lado bueno, no sé porqué ¡seré imbécil! pero me invade el espíritu navideño y no puedo dejar de dar las gracias porque me digan que está agotado, si bien podrían avisarme en cuanto llegue el próximo camión.

Dado el número de veces que tengo que salir de casa para acudir a esas tiendas de juguetes por si llega el encargo, no me da tiempo de escribir a penas, a ver si me pongo al día estas navidades con todos vuestros post.

Feliz Navidad!!!!!!!!!!!







Os dejo la foto de donde realmente me gustaría estar estas navidades, allí el estrés sería menor no?¿?¿¿?¿

Víctimas de la moda??¿??...





Recibi este email de una gran amiga, espero que os guste.



Las mujeres somos víctimas de un complot urdido por mentes perversas que se reúnen en un lugar secreto y deciden lo que ellos llaman 'tendencias de moda'. ¿Quiénes son? ¿Cómo lo hacen? Yo me imagino que llega Paco Rabanne y dice:
- 'Veo que este año se va a llevar el azul petróleo'.Y saltan a dúo
Victorio y Lucchino:
- 'Eso, eso. Y los jerséis sin mangas, pero de cuello alto, ¡y que se jodan!'.

¡Y date por jodida! Porque la moda no es una industria. ¡Es una secta dirigida por maricones! Y de esos seres que nos odian ¿qué podemos esperar?... Si nos hacen ir con estos pantalones que se abrochan en la rabadilla y nos hacen creer que vamos bien (Creo que lo hacen para que luzcamos esos ridículos tangas que tanto molestan). O con esos otros pantalones de pata larga que van limpiando las aceras.
¿Ustedes saben lo que son las fashion victims? Son las mujeres que han caído en sus redes y ya no pueden escapar. Esas que cuando se acercan a un escaparate, oyen voces en su cabeza: 'El poder de la moda te obliga', 'el poder de Dior te gobierna'.
Realmente, yo me dí cuenta del poder que tiene esta secta cuando intenté comprarme un vestido rojo. Parece fácil, ¿verdad? Un vestido rojo. Pues no.¡Porque las tiendas están en el ajo! Son las representantes de Dior en la tierra. Y, claro, llego yo, y le digo a la dependienta:
- Buscaba un vestido rojo.
Y me suelta:
- ¿Rojo? Este año no viene nada en rojo. Este año viene el azul petróleo.
- ¿Y eso rojo de ahí?
- Eso es la funda del extintor, pero si quieres te la saco.
¡Así es como empiezan las sectas: anulando tu voluntad! Porque, de repente, me veo diciendo:
- Vale, sácame uno azul petróleo de la 38.
Y, en ese momento, la dependienta me mira como se mira un Fiat Panda desde un todoterreno:
- ¿La 38? Tú estarás entre la 40 y la 42.
Claro, yo la miré a ella como diciendo: 'Y tu estarás entre gilipollas y tonta del culo'
Pero le dije:
- Perdona, yo soy una 38.
- No, si ya. Pero es que este año viene la 38 ceñida, ¿sabes?
Y es que ese es el segundo paso de la estrategia de la secta. Disminuir tu autoestima para poder dominarte mejor. Ahí, yo dije:
- Con esto no me pillan. ¡Yo me pruebo la 38 aunque me la tenga que meter a rosca!
Y, claro, te miras al espejo y ves lo que ves. Una morcilla. Una morcilla azul petróleo.

Y digo yo: si en todo el mundo un metro es un metro y un kilo es un kilo, ¿por que la talla 38 no es siempre la talla 38? Tú vas al Carrefour y la talla 38 se la puede poner King África y, sin embargo, te vas a Versace y la 38 no se la pone ni Melody.

Total, que hice lo que hacemos todas: llevármelo. Si, porque pensé lo que pensamos todas: 'Así me obligo a adelgazar'. 'Me obligo a adelgazar.'
¿Seremos idiotas? A las dos semanas te estás obligando a regalárselo a tu sobrina. ¡Es como comprarte unos zapatos del 34 para obligarte a que te encoja el pie!

Pero es que ese es otro de los síntomas de que estás entrando en la secta:
someterte voluntariamente al sufrimiento físico. Aunque, a veces, cuando todavía no estás abducida del todo, consigues tener un momento de lucidez y decir: 'No, no me lo llevo'. Y, entonces, esa enviada del mal que es la dependienta te dice la frase definitiva:
- Llévatelo, no seas boba, ¡que lo puedes devolver!
¡Y lo compramos! Como lo puedes devolver... Eso es como comerte un trozo de moqueta: ¡como lo puedes devolver!

Así que volví a casa con mi vestido azul petróleo de la 38. Me lo pongo y le pregunto a mi marido:
- ¿Como me queda?
- Pequeño.
- ¿Si? ¿Me marca mucho?
- Te va a hacer llagas.
Ahí me dije: 'Tere, modérate. Esta es otra prueba. La secta de la moda quiere que rompas lazos con tu entorno'. '¡No, no van a poder conmigo!'.
Me lancé a la calle y no paré hasta que encontré el único vestido rojo que quedaba en toda la ciudad. Cuando lo vi, dije: '¡Me lo compro! ¡Que le den a Paco Rabanne !. Y que Victorio le dé a Lucchino ...' ¡Ja! Y salí de la tienda triunfante, con mi vestido rojo. Pero la alegría me duró dos escaparates.
Es algo que nos pasa a todas las mujeres. De repente, se te viene el mundo encima: 'Coño, ¿y qué hago yo con un vestido rojo, si este año lo que se lleva es el azul petróleo?' Oye, que no pude pegar ojo en toda la noche.
Tuve unas pesadillas... Estaba yo en una misa negra, atada de pies y manos, y los grandes gurús de la moda, rodeándome como en Poltergeist: 'Tereee. Veeen hacia el glamouuuuur.'
Total, que me desperté, empapada en sudor y dije: '¡Vale, esta bien! ¡Me rindo!' Me unté entera con vaselina para que me entrara el traje, y me presenté en la boda de mi amiga Jessi, vestida de azul petróleo.

Cuando llegué a la iglesia me encontré con que íbamos todas iguales...Allí había más azul petróleo que en una playa del golfo Pérsico. Ahí te das cuenta de que te han captado, has entrado en la secta, y a partir de ese momento honrarás a Victorio y a Lucchino, no nombrarás a Chanel en vano y amarás a Dior sobre todas las cosas.

PD.¿Alguién me puede explicar que coño es el color 'azul petróleo'?? Tarde siglos en comprender que las cosas pueden ser de color buganvilla, no me jodais ahora con el petróleo, por favor!! El petróleo es negro como los cojones de un grillo!! (y perdón por la expresión...)

planchando con Daniel Craig.......por pandora.

Era una tarde de miércoles, el fatídico día de la semana en que esta aquí presente tiene como norma no escrita y no siempre cumplida, planchar la colada de la semana o de las semanas. No tengo ningún problema con cualquier otra tarea del hogar, ninguna se me atraviesa tanto como la odiosa plancha, y de entre las prendas que menos me gustan están las camisas de traje de mi señor esposo, pero como que actualmente es mi trabajo no me queda más remedio que hacerlo.
Bien, no hay opción, así que al menos lo haría de una forma que no me resultara tan indigna, lo único que se me ocurrió para mejorar mi situación fue encender el televisor para estar más o menos distraída con la tarea, pero evidentemente la programación era patética, programas sobre gente con problemas económicos, ya tengo bastante con mi vida para escuchar los problemas de los demás, programas sobre el corazón, reconozco que no me interesan sobre todo porque no tengo ni idea de quien son esos famosos de los que hablan, otro canal era un reportaje de animales, y la verdad la plancha ya es bastante aburrida como para eso, al final dejé un canal con anuncios para ver si me sorprendía lo que dieran a continuación. Comenzó una película, evidentemente era un canal de pago, no esperéis ver una peli a las cuatro de la tarde si no es pagando, además era buena, todo un milagro.
Subí el volumen para que el vapor de mi odiada plancha no interfiriera entre la banda sonora y mi nivel de audición, y me rendí a la tarea. Daniel Craig se deslizaba por la pantalla de mi televisor inundándolo todo, las camisas de traje de mi querido esposo se deslizaban por mis manos bajo el vapor de la plancha y arruga tras arruga fueron rindiéndose ante mi pericia, pantalones talla mini, camisetas de todo tipo, tejanos arrugados, todo acababa doblado en perfectas montañas sobre la cómoda sorprendiéndome yo misma de la rapidez con la que la montaña de ropa para planchar iba desapareciendo, algún merito tendría el James Bond que medio sonreía en mi pantalla.

De pronto la situación cambió por completo, no se bien como ocurrió, pero mi casa desapareció, mis manos no planchaban una camisa sino que acariciaban un pequeño ramillete de rosas rojas en medio de un estupendo salón donde una enorme pantalla aparecía apagada. Tardé unos minutos en apreciar las demás diferencias, y fue al ver mi imagen reflejada en un perfecto espejo de grandes dimensiones, yo no iba vestida como antes, mi habitual chándal en día de plancha, sino que lucía un hermoso vestido de fiesta de color rojo, mis cabellos que habían crecido de manera desmesurada se hallaban en parte recogidos y en parte deslizándose por el canalillo de mis pechos, que además lucían perfectamente erguidos, mi rostro no reflejaba cansancio ni aburrimiento, estaba perfectamente maquillada, mi cintura era tan estrecha como hace décadas había sido, y mis redondas y amplias caderas habían desaparecido, sorprendida levanté la falda de mi vestido y reconocí mis piernas sobre unos hermosos zapatos rojos del mismo tono que el vestido. No sabía que había ocurrido pero el cambio valía la pena.
Todavía sin situarme del todo escuché una voz que me llamaba, increíblemente no decía Pandora, pero yo sabía que aquella voz me estaba llamando a mí.
—Natacha, Natacha—repetía la voz muy suave.
No podía contestar, segura como estaba de que en cuanto la persona que me llamaba se diera cuenta de que no era yo la que estaba buscando se evaporaría todo aquel sueño, pero no hizo falta esconderme porque en aquel momento un increíble Daniel Craig apareció en el salón con unos pantalones de pinzas negros con bordes de terciopelo, los zapatos negros más brillantes que había visto en mi vida y sin camisa.

Como toda respuesta lo único que yo podía hacer era sonreír, él a su vez me miraba divertido, recorriendo todo mi conjunto despacio. Creí que me caería pues mis piernas temblaban sobre los hermosos zapatos, mis manos retorcían el ramillete violentamente, y si no fuera por el maquillaje mis mejillas se hubieran apreciado tornándose del mismo color que el vestido.
—Ahora—pensé—ya está, ahora llamará a seguridad y me echaran de la casa a patadas, pero lejos de importarme que haría después solo podía seguir sonriendo.
—Querida estás espléndida, sabía que este vestido te quedaría perfecto cuando lo vi en París—dijo el.
—Tu siempre tienes muy buen gusto querido—esas palabras salieron de mis labios sin pensar en lo que decía.
—Mi buen gusto no sería nada si no fueras tu quien lo luce—contestó a la par que se acercaba tanto que podía rozar mi vestido—de todas formas nada más bello que tus labios—dijo cuando sus labios ya rozaban a los míos.
Se separó unos centímetros y sus ojos se fijaron en los míos, fue lo que acabó derritiéndome, aquella mirada expresaba deseo, aquellos labios que se habían posado sobre los míos pedían más, loca de emoción seguía sonriendo mientras él sujetaba mi mano en la suya, suspiró con desaliento y se dirigió a una especie de mueble-barra donde se sirvió un licor, no pudiendo apreciar yo que era exactamente.
Tenía la sensación que algo ocurría, imaginé, supuse, dada la escena que con mi atuendo de fiesta había aparecido en aquel salón, era eso lo que debíamos hacer, acudir a una fiesta, pero me sorprendía que el no llevara puesta la camisa todavía, no entendía nada.
Debió darse cuenta de mi desconcierto y me dijo:
—La limusina nos vendrá a recoger en unos minutos, pero es que no encuentro mi camisa blanca, ¿seguro que está planchada?

Acabose, tanto sueño, tanto beso tierno, tanto glamur para acabar pidiéndome que le planche una camisa, y es que no nos engañemos, hasta el mismísimo Daniel Craig necesita que alguien le planche las camisas.