ABURRIMIENTO


Estoy sola, eso es raro, debería disfrutarlo y relajarme un rato, pero ya me he dado un baño de espuma, me he restregado aceite perfumado por todo el cuerpo y vestido con lencería fina, me he maquillado, vestido y ¿ahora qué?¿? no tengo nada que hacer. La desidia se apodera de mí, me tumbo en la chaise-longue y me fumo un pitillo, enciendo el televisor pero nada capta mi atención todo me aburre.


Miro mi teléfono móvil, no tengo mensajes ni llamadas perdidas. Miro mi correo electrónico, nada, vacío, el mundo sigue girando y yo estoy en casa perdiéndomelo. No puedo seguir así necesito algo de acción.

Mando sms a él:

-q hces?¿

-trabajar

-y eso pk? Es viernes!

-me pagan a fin de mes y si no lo hago dejan de hacerlo

-yo no qiero que trbjes

-y que quieres que haga? Tengo que pagar facturas!

-yo t las pagaré!

-ja! A cambio de qué?

-no lo sbes? sexo!

-estaría bien…

-a q speras?

Pasan dos minutos y no hay contestación, reenvío último sms.

Responde!

-20 min. Y busco excusa!

-15

Ha sido divertido, me gusta pensar que lo he puesto nervioso pero apenas ha durado unos minutos y vuelve a apoderarse de mí la apatía. Voy a la nevera, podría ir a hacer la compra pero no me apetece ver esos rostros medio cerosos bajo la luz de los fluorescentes mortecinos, agarro plátano maduro y vuelvo a la chaise-longue y a mi televisor sin nada que ver, pasando de canal en canal. Sonrío con el plátano ya abierto ¡la de cosas que se pueden hacer con una fruta como esta!

Suena un sms!

-tema zanjado, mi alquiler este mes lo pagas tú!

-de mnto no tengo pk hacerlo!

-abre puerta

Voy a la puerta de mi casa todavía con el plátano a medio comer en la mano, miro por la mirilla y allí está él sonriendo. Le dejo entrar, su sonrisa sigue en los labios.

-Hola, ¿estás sola?

-Si estoy merendando, ¿quieres merendar conmigo?

-Aparte del alquiler ¿también me darás de comer?

-Te daré todo lo que quieras si eres capaz de complacerme

-En ese caso….

Se acerca rápidamente y me besa, en mi boca quedan restos del último bocado de plátano que había comido, a él no le importa y juega con su lengua en mi interior degustándolo. Tiro lo que queda de mi merienda al aire, creo que habrá aterrizado por la cocina pero me da igual, él está aquí!

Me empuja contra la pared sin dejar de besarme, de mi garganta sale sin querer un gemido, noto como se excita al escucharlo, su boca a dejado la mía y sus labios descienden por mi cuello, sus manos agarran mi culo apretándolo fuertemente. Mis manos manchadas de plátano desabrochan su camisa, aflojan la corbata pero no se la quitan, esos botones tan pequeños se me resisten, el cinturón y sus pantalones no lo hacen, mi vestido tampoco.

Ya no llevamos más que la ropa interior y él, además, sus calcetines, intento seguir con mi merienda y es su miembro lo que me estoy comiendo con deleite, le oigo suspirar ahí arriba, muerdo con furia, succiono, la saliva rueda por mi barbilla, es dulce como el plátano maduro que estaba comiendo pero mucho más firme, duro, mis dientes resbalan a lo largo de todo el tronco apretando deliberadamente parando de golpe con toda la intención, empuja él entonces y pierdo el equilibrio quedándome en el suelo sentada. Me mira jadeando al mismo tiempo, su mirada cargada de excitación, veo que en ese momento no le importa nada, solo me quiere a mí, me desea a mí, es ese momento en el que no podría negarse a nada de lo que le pidiera, no hay retorno. Incitado por cómo me relamo su líquido de mis labios se sienta a mi lado respirando agitadamente, me coge un pecho con su mano y lo aprieta fuertemente, yo protesto pero él me ignora consciente de mi mirada turbada, lo muerde con dureza, duele pero me sorprende el placer que eso puede darme y no vuelvo a quejarme. Nos perdemos con las manos y la boca el uno en el cuerpo del otro aunque ahora se hace difícil distinguir quién es quién. Noto sus dedos en mi húmedo sexo, sus labios en mi vientre, me retuerzo de placer, agarro su miembro y bailo con él entre mis dedos, acelera sus movimientos con furia, me come como yo lo hacía con el plátano, me estoy fundiendo entre sus labios, mi deseo aumenta y aumenta, anhelo tenerlo en mi interior, necesito su dureza entre mis muslos, pero insiste en seguir merendando y retira su miembro de mis manos dejando que estas se deslicen por sus rizos dirigiendo cada uno de sus movimientos. Me abandono por completo, mis gemidos se aceleran, se convierten en pequeños gritos enajenados, todo cesa de repente, lo miro completamente desconcertada, nos quedamos quietos mirándonos, yo perdida, él, poderoso, sonriente, complacido, engrandecido, me dice:

-crees que te estoy complaciendo?

No puedo articular palabra me lanzo poseída a sus labios con mi sabor en ellos, nos fundimos en un beso profundo, sus dedos mecen mi sexo que explota sobre ellos empapando toda su mano, el suelo. Abandona mis labios para beber de él, succiona fuerte y presiona cada resquicio, sigo temblando de placer con cada movimiento. Se incorpora un poco, lo justo para que su miembro quede a las puertas de mi sexo y se introduce con una sacudida rápida, violenta arrancándome otro grito pero esta vez es un grito descomunal, extraordinario, titánico y no dejan de llegar más como ese en cada envestida, uno detrás de otro, y otro más, y otro arrancados desde lo más profundo de mi interior levantándome hasta el cielo con cada uno, lo más parecido a ver a Dios, el paraíso en la tierra, el placer sobre todas las cosas, el amor hecho acto, el sexo hecho amor.

Nos quedamos abrazados unidos por nuestros sexos, exhaustos, agotados, inflados por el placer que acabamos de recibir el uno del otro.

Completamente complacida acepto pagar el alquiler del resto de su vida!