Marta y yo tomábamos un café de cortesía al salir del trabajo. No suele ocurrir, a ella normalmente la recoge puntual su flamante marido Jorge y se marchan los dos en el mega Mercedes que ella le regaló por su último aniversario normalmente yo me voy a casa en metro.
Uff me encanta ir en metro a la vuelta del trabajo, hombres hartos de pantallas de ordenador, de jefes tiranos, de clientes amargados, siempre soñando como podría ser su vida si abandonaran todo lo que tienen y buscaran aquello que quieren, me miran con lascivia, me encanta que me miren así, que me deseen con la mirada, que sus vergas reaccionen cuando mi boca se abre y mi lengua refresca mis labios…de todos modos ahora no los echo de menos, el olor a sexo caliente de Marta me inunda los sentidos.



Marta y Jorge son una pareja de revista, altos, guapos, delgados, perfectamente conjuntados y todo lo estirados que se supone que son estas parejas bip, pero tienen algo, un punto morboso que me atrae y me pone caliente al imaginar como deben follarse por las noches. Los imagino retozando entre sábanas de seda revueltas, sudorosos y rendidos a los placeres del sexo, vitales, hambrientos, cargados de lujuria, por eso me sorprende tanto la confesión que me hace Marta.

-Tengo problemas en la cama con Jorge

A punto estuve de tirarme el café encima al escuchar lo que decía. Guardé silencio e intenté no imaginarme ninguna situación de ambos follando, ¡JA! que lo intente no quiere decir que lo consiga.

Ella seguía en silencio.

Yo no podía creer que aquella pareja de guapos Danone, tuviese algún tipo de problema y menos que ninguno, uno de cama. Las imágenes de Marta chupando el pene de Jorge sin que este tuviese ninguna reacción se solapaban con las de Jorge penetrando a Marta por la retaguardia mientras que esta leía un libro, ambas imágenes muy alejadas de mis fantasías eróticas con ellos.

-¿No dices nada Pandora?


-Uff, yo escucho todo lo que quieras pero no sé que decirte


-Si te lo cuento es porque sé como eres, sé lo que es el sexo para ti, te he estado observando, te gusta cazar, te gustan los juegos, no tienes muchos prejuicios, ¿me equivoco?


De repente toda la situación se me tornó una trampa, ¿quien era la víctima ahora? ¿Qué pretendía con destapar mis cartas?


-No tengo nada que explicarte, si un caso eres tú la que tienes un problema así que déjame a mí al margen.


-Oh, por favor Pandora, no te ofendas, no es nuestra intención que te pongas a la defensiva, simplemente queremos que nos ayudes y no conocemos a nadie como tú- suplicaba Marta cogiéndome del brazo a la vez que yo me estaba levantando para irme de allí, algo en la frase llamó mi atención.


-¿Nuestra? A ver Marta, ¿de que me estás hablando?-le pregunté mirándole fijamente a los ojos


-Te hablo de Jorge y de mí, tenemos un problema y queremos que tú nos ayudes a resolverlo, no te vayas, deja que te expliquemos-en ese momento se abrió la puerta entrando Jorge en la cafetería y se dirigió donde estábamos nosotras.


Joder! Que bueno que estaba! Acercó sus labios a Marta que lo esperaba con un beso en los suyos, su complicidad quedo por entero al descubierto.
A mi me dedicó un simple Hola! Que no acabó de convencerme.

- ¿Qué pasa Jorge? ¿A mi no me vas a dar un beso también?

Un poco aturdido miró a Marta como si le pidiese permiso para besarme del mismo modo que había hecho con ella.
Marta respondió con una gran sonrisa.
En el momento del acercamiento supe colocar mi mano sobre la rodilla y al acercarse a darme el reclamado beso no pudo evitar rozarme con su entrepierna, descubrí su verga enhiesta luchando por salir de sus pantalones de pinzas planchados con ralla.

-No parece que tenga ningún problema, Marta y creo que a ti tampoco te pasa nada, ¿qué es lo que buscáis exactamente?¿?


-Los dos estamos sanos, a los dos nos gusta el sexo, pero desde hace ya unos meses cada vez que lo intentamos… nada, no surge nada, los dos estamos cachondos, su verga tiesa, mi coño chorreando pero es ponernos a la acción y todo se viene abajo.


-Marta no quiero ofenderos este es un tema muy privado y no sé que queréis que haga yo.


-Si no nos equivocamos a ti te gusta el sexo, mucho, incluso más que a nosotros, te hemos imaginado cientos de veces follando, nos pones calientes a los dos, sabemos que eres una maestra, conocemos a algunos de tus amantes y nadie dice nada explícito pero su mirada al hablar de ti cambia y se vuelven más seductores, más sexuales, es como si recordaran una follada contigo y quisieran rememorarla en ese mismo instante.
Queremos eso, que nos enseñes a follar, que hagas que entre nosotros las cosas no se vuelvan monótonas y aburridas, queremos follar hasta no tener fuerzas, que en nuestra casa se respire sexo por todas partes, queremos alimentarnos de sexo, queremos vivir para el sexo.

No me lo pensé.


-¿Estáis dispuestos a todo?¿No cuestionaréis nada de lo que os proponga?


-No, nos ponemos en tus manos desde ahora mismo, los límites los pones tú- contestó Jorge decidido.

Y así empezó una relación que todavía continúa, porque ya se dice, nunca se sabe suficiente…