trabajo y descanso.......por pandora


Habíamos estado trabajando toda la mañana, mi amiga Alba me había pedido asesoramiento y no pude negarme a prestarle la ayuda necesaria. Éramos amigos desde hacía muchos años, nos habíamos conocido solteros, continuamos siendo amigos cuando ambos nos casamos e incluso compartimos veladas entre los dos matrimonios, también seguimos siendo amigos cuando ambos nos separamos de nuestras respectivas parejas. Teníamos en común mil anécdotas compartidas, algunas tristes y otras muy alegres.

Alba era hermosa, alta y no demasiado delgada, con el cabello rubio y ondulado que le llegaba a la base del pecho, su rostro era el de una mujer madura que sabe lo que quiere, de unos ojos verdes encantadores y una nariz achatada que encumbraba unos labios carnosos. De pechos generosos y redondas caderas, piernas espigadas calzadas siempre por unos tacones altos, además era agradable en su trato, y picarona en muchas de sus frases. Era todo un misterio para mí, el porqué no me la había tirado en ninguna ocasión.

Durante la mañana de trabajo que me había pedido que le dedicara estuvimos muy concentrados en nuestra tarea, buenos compañeros pero sin extendernos en nuestra vida personal en el trabajo, teníamos un buen equipo que colaboraba con nosotros y al menos les debíamos estar a su altura. Una de las integrantes de ese equipo era nueva en la empresa desde hacía solo unos meses, Charlotte. Una francesa de cabello negro que le llegaba por debajo de las orejas lugar en el que nacía un esbelto cuello, con los ojos más oscuros que he visto en mi vida, enmarcados por unas cejas perfiladas para embellecerlos todavía más, sus mejillas levemente maquilladas y sus labios de un rosa pálido tentador. Pero lo que más me llamaba la atención era su acento, siempre me ha excitado oír a una mujer hablando francés, el simple susurro de unas palabras puede hacerme perder la razón, es el idioma más excitante y sensual que conozco, da igual lo que digan, en francés suena siempre tan bien…

A media mañana nos merecíamos un descanso, Alba sugirió un café y me ofrecí a traerlo. La máquina de la empresa estaba siendo reparada y hubo que acudir a la cafetería de la esquina, mi amiga con sus buenas intenciones sugirió que me acompañara Charlotte, que sin dudarlo dejó sus papeles en la mesa y se levantó solícita al escuchar su nombre, cualidad que sin duda aprecio en toda mujer.

Nos dirigimos hacia la cafetería entablando una conversación sobre París, yo había visitado la ciudad recientemente y había practicado un poco el idioma, ella se ofreció a continuar la charla en francés y yo no pude más que animarla a que lo hiciera. A partir de ese momento perdí la noción del tiempo, nos tomamos los cafés y pedimos otros para llevar a Alba y al resto del equipo. Mientras disfrutaba del café no pude más que admirarla, como mi francés era bastante escaso me recreé en escucharla, sin darme cuenta seguía el movimiento de sus labios, al principio para entenderla mejor, poco a poco disfrutando de su sonido captando todos sus matices.

Cuando salimos de la cafetería cargados de cafés yo ya no tenía más meta que conquistarla, pero en francés mis palabras halagadoras que tanto gustan a las mujeres no tienen la misma fluidez y no creo que consiguiera interesarla. Al llegar a la oficina, Alba nos esperaba con interrogación en su rostro, habíamos pasado más de una hora hablando y todo el equipo nos estaba esperando. Me disculpé ante todos entregándoles el café y me propuse recuperar el tiempo sumergiéndome por completo en el trabajo. A partir de ese momento Charlotte fue mi guía, ella era la que me proporcionaba todos los informes que iba necesitando y desplegaba todo su conocimiento para que yo entendiera el mecanismo de la empresa y eso que solo llevaba en ella pocos meses, tenía un dominio perfecto de todo el sistema informático, y controlaba todo el proceso de administración de manera sistemática y coherente, me dejó perplejo, cosa que me sucede pocas veces ante las féminas.


Hacia la hora de comer casi teníamos acabado el trabajo, si bien me quedaron algunos cabos sueltos que debería repasar con Alba, todo estaba hecho. Evidentemente Alba que esperaba comer conmigo había reservado mesa en un restaurante cercano que sabía que a mi fino paladar le encantaría, le sugerí que también nos acompañara Charlotte dado que me había ayudado tanto, aceptó y con una mueca divertida llamó al restaurante para informar de que debían preparar la mesa para tres. Decidimos acabar los informes antes para así regalarnos aquella comida de la manera más adecuada. Eran casi las tres cuando llegábamos al restaurante.

Todo había salido bien, Alba estaba contentísima que en tampoco tiempo hubiéramos finalizado el trabajo, me felicitaba a mí y a Charlotte y se felicitaba ella misma por haber acertado al llamarme. Durante la comida relatamos entre los dos algunas de nuestras anécdotas a Charlotte que se divertía de lo lindo con nuestras aventuras, sobre todo en las que nos ayudábamos a ligar con otras personas. Alguna vez habíamos salido juntos de copas, y no hay nada más sexy que ver que la pareja de otro te mira con deseo, siempre y cuando no conozcas al otro, claro. Nos hacíamos pasar por pareja y ella fijaba su presa en algún tipo del local, no cesaba de lanzarle miradas seductoras hasta que este sucumbía y reunía el valor para acercarse a nosotros, entonces yo me disculpaba y me ausentaba, momento que ella aprovechaba para narrar la historia de que estaba aburrida conmigo y que necesitaba algo más excitante, a lo que la “presa” en cuestión se ofrecía inmediatamente a solucionar. Más de una vez había dado perfecto resultado y Alba había tenido alguna noche de sexo desenfrenado en varios lugares públicos, como los lavabos o los aparcamientos de la discoteca. También había funcionado a la inversa y yo también había probado el sexo en los servicios e incuso una vez llegué a dejar que una mujer me lamiera mientras yo disfrutaba a la vez de un Havana Club perfectamente acomodado en la barra. Todas nuestras aventuras deleitaban a Charlotte que no podía creer que hiciéramos eso en realidad, al final optamos por invitarla con nosotros a ir de copas aquella misma noche. Quedamos de acuerdo en que yo las pasaría a buscar a cada una por su casa, anotamos direcciones y teléfonos y nos despedimos después de la comida.

Todo resultó al revés, Alba llamó cinco minutos antes de que yo saliera para decirme que ella iría más tarde, Charlotte se sorprendió cuando al pasar a buscarla Alba no estaba conmigo y creo que hasta pensó que era una de nuestras estrategias, pero aunque para mi la cosa no resultaba nada despreciable, no me gustaba que ella pensara que lo había montado expresamente para ella, si alguna vez lo hago pretendo que la estrella invitada no sea consciente de nada y todo sea fruto de la casualidad, mostrar demasiadas molestias en la conquista de una mujer nunca me da buen resultado.

Para suerte mía cuando llegamos al pub Alba había llegado, había venido directa del trabajo y se disculpó ante Charlotte por el contratiempo. Con aquello la mala impresión que Charlotte se había llevado de mí cayó en picado y volvió a mirarme con la alegría de antes. Pero para mí empezó la tortura, ir con dos mujeres tan bellas a un lugar como aquel era como llevar un jamón a una jaula de leones, todos se daban perfecta cuenta que ninguna de las dos estaba conmigo así que en más de una ocasión me encontré sujetando sus copas mientras ellas bailaban con otros. No me gusta nada hacer de comodín si no me lo han planteado con anterioridad y mi humor estaba empeorando. Una cosa es no comerse una rosca, pero además ver como se la comen los demás es demasiado para mí.

Después de unos cuantos Habanas llegué a relajarme un poco pero ninguna mujer se acercó a mí. Charlotte cansada de bailar se acercó a la barra para descansar.

—Tienes mucha paciencia con nosotras.
¿Qué iba a decir yo, ante aquellas palabras susurradas en mis oídos con acento francés? Además, debido a los decibelios se acercaba cada vez más a mí para hablarme y sin querer, sus pechos rozaban mi camisa a la vez que sus palabras elevaban mi entrepierna.
—No pasa nada cuando quieras te vuelvo a traer—pero yo ya no podía evitar sentirme tentado de tocarla, no puedo ser siempre tan cortés.
Así que sin pensarlo demasiado acaricié suavemente su pierna a la espera de una reacción que me indicara si seguir o no.
—Que atrevidos que sois los españoles, desde que estoy aquí por lo menos cinco hombres han intentado tener sexo conmigo— fue lo que dijo como respuesta a mi caricia. Pero lejos de intimidarme sus palabras tuvieron el efecto contrario y me envalentoné con ellas y con la fuerza de los Habanas, supongo.
—Y de esos cinco, ¿alguno tiene futuro?
—Ninguno de ellos tiene tantos puntos como tú—contestó sin un ápice de vergüenza, característica que también encuentro muy apreciable en una mujer. No necesité nada más.



Rápidamente busqué con la mirada a Alba, se hallaba restregándose con un joven en la pista que he de reconocer que no estaba nada mal, a una seña mía levantó la mano dándome permiso para irme guiándome el ojo hacia Charlotte. Sonreí, a veces las palabras sobran.

Agarré con fuerza a Charlotte por la cintura y la llevé hacia la puerta con la firme intención de salir del local, montarnos en el coche y tumbarla sobre mi cama. Los dos teníamos prisa, nada más subirnos en el coche no pude evitar lanzarme sobre sus labios y besarla con fuerza, pero es un mal principio porque a partir de ahí parar es imposible. Mis manos desabrochaban los botones de su camisa, las suyas mis pantalones, mis labios recorrían su cuello y los suyos musitaban palabras en francés. Tuve el valor de separarme de ella, quería disfrutarla por completo y allí no había espacio suficiente. Conduje hábilmente dado mi estado de excitación, durante el corto trayecto que nos separaba de mi casa, ella no dejó de acariciar mis pantalones, hubo un momento en el que creí que estallaría allí mismo y conduje su mano hacia su falda, con ese gesto ella entendió y se deshizo de sus braguitas con rapidez, aparqué el coche en el vado de mi vecino, el entendería. Salimos medio desnudos a la calle con un frío que desinflaba a cualquiera. Entrando en el ascensor ya le quité la camisa y con sus pechos sobre el sujetador los lamí deseoso. Sus frases en francés no dejaban de excitarme sus mordiscos en mi cuello me enloquecían, abrí la puerta del ascensor con el pie, y rebotando en las paredes del pasillo llegamos a mi puerta con las camisas en un fajo y nuestros cuerpos húmedos.

No nos entretuvimos en nada, ni siquiera le enseñé mi colección de figuras africanas, ni pude dejar que admirara la estupenda decoración de mi piso, ni siquiera nos molestamos en llegar al dormitorio, desnudos por completo dejamos que nuestros cuerpos retozaran sobre la misma alfombra de marca del salón. Fue entonces cuando ella me dejó disfrutar por completo de su cuerpo, mis figuras africanas se hubieran quedado en ridículo ante sus pechos y la verdad, la decoración de mi piso quedaba bastante por debajo de las estupendas curvas de sus caderas. Pero si que hubo algo que si que pudo deslumbrarla, fue sin duda la resistencia de mi físico, mi minucioso recorrido con los labios por su cuerpo, desplegué toda mi sabiduría en su cuerpo intentando colmarla del mejor sexo que hubiera tenido, por la cantidad de frases en francés que gritaba, estoy convencido de que lo conseguí.

Claro, si no hubiera sido, porque después de haberle hecho el amor con toda la energía que podía, no le hubiera dado por hablar con la pretensión de que yo la escuchara, la cosa podría haberse repetido, pero pedirme una camisa para dormir y dejarse el cepillo de dientes fue suficiente para no volver por la oficina de Alba nunca más. Mi integridad seguía a salvo y mis hormonas podían descansar al menos por unos días.

7 comentarios:

Ellyllon dijo...

Niña, qué grande está la letra no???? jejejeejej

Se te han ido las manos en todos los sentidos jejejejejejej

Oye, cómo es eso que he leído en casa de Cru de la "salida de la Elly"? jajajajajajajja

Un besazo encanto...me gusta este puntazo MECANO de hablar por boca de un hombre, como hacían ellos en las canciones escritas por Jose Mª Cano.

Ah! Besicos también para EL. (y los niños of course).
Elly

Erotismo dijo...

Me gusta cómo escribes... lo más difícil de un relato erótico es que sea interesante y diferente gracias a los previos... no es necesario entrar en muchos detalles después, cuando antes has propuesto un momento y situación tan sensuales.!

Esa cajiitaaa! oe!

Anónimo dijo...

Hola Pandora,
Ya he hecho los deberes...te he votado y te dejo un comment. Ya sabes que te leo aunque ultimamente no tengo mucho tiempo. Un bso y suerte en los premios.

Marc.

prometeo dijo...

Maravillosos, dulce como ese idioma que dicen es para amar. Me gusta mas el español, tan lleno de matices y variantes.
pero hay para todos los gustos. Ya se sabe.
Un fuerte abrazo y considerate ya como triunfadora con tu blog.

Carlos dijo...

Me gusta mucho como escribes. Espero que te ganes ese premio. Un beso.

aunqueyonoescriba dijo...

demasiadas pretensiones para una noche...

Manuel Rubiales Requejo dijo...

Buen relato. Enhorabuena.