por casualidad.............por pandora.





Nuestras miradas se tropezaron casi por casualidad, si aquella señora no hubiese cruzado la carretera por aquel lugar tan inapropiado, no nos hubiéramos vistos obligados a frenar y nuestras miradas no se hubieran cruzado nunca, así, que sí que puedo decir que fue por casualidad.




Los ojos verdes de aquel hombre, me obligaron a olvidarme de las hermosas lechugas que morían en el carrito de la compra azul que portaba la señora, ahora tumbado en el asfalto de la carretera, sus labios rojos me hicieron recordar las maduras fresas que compraba mi madre cuando era pequeña y al recordar su color, recordé su sabor, mi lengua intentó saborear en mis labios aquel zumo rojo que los impregnaba antaño. Mi lengua recorrió cada milímetro de mis labios buscando reminiscencias de aquel dulzor tan fresco que cada verano volvía a mí como si fuera el mismo que en el pasado.




Al ver sus labios, supe que tendrían aquel sabor y enloquecí al no poder tenerlos, mis manos temblorosas agarraron el freno de mano antes de que la señora recogiera el último tomate del suelo. Ahora que lo recuerdo, la expresión de la mujer fue como si la fuera ayudar a recogerlos, y habría sido así, si en aquel momento aquellos ojos verdes y aquellos labios con sabor a fresa no me hubieran mirado de aquella forma. Me sentí atraída por su mirada, un imán que me arrastró hasta su coche, hasta aquella ventanilla bajada. Los labios hablaron sorprendidos, los ojos me miraron agradecidos, mis manos deslizaron mis dedos en mi pantalón recogiendo un papel con un bolígrafo, anoté mi número, se lo entregué y caminé hacia la señora recogiendo, entonces si, aquel limón perdido bajo la rueda de mi coche. La mujer me sonrió y yo le devolví la sonrisa, volví a sentarme en mi coche, bajé el freno de mano y salí pitando del lugar todavía hechizada por aquellos labios dulces. Fueron doscientos metros, o quizá menos, pero mi móvil sonó, un estremecimiento me recorrió la espalda, aquellos labios…






Ahora lo tenía delante, de pie, su visión de cuerpo entero hacía que me olvidara de la dulzura de sus labios, de la profundidad de sus ojos, de aquellos dientes tan blancos que deseaba que me mordieran. Todo entre nosotros fue arrebato, no hubo preguntas, no hubo planes ni excusas, solo sexo, aunque bien mirado… ¿sólo? No, fue el sexo por definición, en esencia, lo que nos envolvió en aquel puente olvidado.Me desnudé a la sombra de la farola, mis pequeños pechos se endurecieron bajo el aire fresco de julio. Él hizo lo mismo pero sin apartar sus ojos de los míos, con una mirada entre atónita y seductora, con el ansia en los labios, preguntándose quien llevaría el mando en cada acción.



¿Debería ser yo? se debía preguntar, pero no le di tiempo a que se preguntara nada más, sería yo la que manejara el momento, era yo la que deseaba probar aquellos labios que se me habían antojado tan dulces. Me abalancé sobre ellos como si fueran la última fresa de la temporada, consciente en todo momento que sería la última en mucho tiempo, y me dediqué a saborearlos como si fueran aquella fruta, carnosos, suaves y sobre todo dulces, mi intuición no me había fallado.



En un primer momento casi no noté el contacto de sus manos, tan extasiada me encontraba con el sabor de sus labios que no presté atención, pero poco a poco el calor de sus yemas rozando mis glúteos, acariciando mi piel, el tacto áspero de la palma de su mano apretando con fuerza mi espalda contra su pecho, acercando mi pelvis contra la suya. Me apoyé con fuerza sobre la espectacular erección que encontré entre sus piernas, alcé mis piernas sobre su cintura, sin saber de antemano si con sus brazos podría sostenerme. Bajo mi peso, retrocedió unos pasos para buscar el apoyo necesario y lo encontró en el poyete del pilar que sostenía el puente. Allí recostado, con mis piernas liadas a su cintura y mi sexo húmedo restregándose contra su erección, separó los labios de los míos con fuerza, prácticamente tuvo que obligarme a que dejara de besarlo, él tenía otros lugares que besar. Mis pechos lo llamaban a gritos, mis pezones más duros que de costumbre necesitaban su lengua para saciarse, no podía hacer nada con mi boca en aquella postura, así que disfruté de su manera un tanto excéntrica de lamer los pechos y recliné mi cabeza hacia atrás. Descubrí el placer de amamantar a aquel joven de labios con sabor a fresa, de ser mordida por sus dientes en mis aureolas recogidas, lamía mis pechos con un frenesí al que no estaba acostumbrada, desbordada por el placer que me estaba dando, mis ojos empañados por la lascivia, emborrachada de excitación, desprendía ese aroma a sexo por cada poro de mi piel, pero el joven de labios con sabor a fresa había decidido saborearlo al completo.




Por un momento mi sexo obligó al suyo que le poseyera, mi pelvis empujaba tan fuerte su erección que se introdujo sin ayuda de ninguno de nosotros, averiguó el camino a seguir en mi interior con embestidas rápidas, pero penetrando hasta lo más profundo.
Bajé mis piernas al suelo, me temblaron al hacerlo y dejé que se doblegaran sobre mis rodillas, así, mientras mis piernas descansaban, mis labios podían seguir degustando sus sabores, ¿sería su pene tan rico como sus labios dulces sabor a fresa?


Me dediqué a saborearlo con la misma intensidad que lo había hecho con sus labios, el sabor se había mezclado con mis propios jugos y me resultó tremendamente refrescante, repasé cada voluptuosidad y recoveco que encontré, succioné con la misma fuerza que él lo había hecho con mis pechos y con ello conseguí arrancarle unos tremendos alaridos de placer a aquellos labios dulces. Mi boca no se detuvo ante su tensión en las piernas, noté como se erguía sobre las puntas de sus pies intentando contener los jugos interiores que luchaban por salir con fuerza, su respiración no dejaba lugar a dudas sobre lo que acontecía en su cuerpo y mi placer iba en aumento.



El líquido transparente que mis labios recogieron acabó en los suyos, excitándome todavía más al no rechazarlos. Con una energía que al menos a mí me era desconocida, me alzó con sus brazos sentándome en el mismo poyete que él antes había utilizado de apoyo, abrió mis piernas con las manos y se arrodilló delante de mi sexo, intuí cual sería el siguiente movimiento. Su lengua resbalaba despacio por mi sexo mojado, aquellos dientes que tanto me habían gustado, me deleitaban ofreciéndome un placer brusco con cada bocado que me daban, entre el dolor y placer que me ofrecían, notaba como su lengua suavizaba cada mordisco haciendo que mi mundo se nublara y estallara por dentro. Supo notar el momento justo, aquel, en el que el estallido está aflojando y solo le basta un gesto para volver a dispararse, su miembro duro entró con prisas, mis piernas volvieron a rodearle por la cintura y mi espalda se separó del muro del viejo puente, sus manos bajo mis glúteos soportaban mi peso y ayudaban en mis movimientos, era yo la que lo estaba embistiendo como si un animal interior se hubiera despertado, intentando engullir más hondo todavía su erguido falo. Mi energía acabó por disiparse, pero al joven de labios dulces de sabor a fresa parecía quedarle para los dos, continuó él con las acometidas rápidas que antes me había enseñado. Me obligó a darme la vuelta apoyándome con las manos en el poyete que tan buen recurso estaba resultando, mis piernas levantadas dejaban todo mi trasero a su merced y supo aprovechar la excitación de mi cuerpo para humedecer todos los recovecos.

A diferencia de las acometidas anteriores fue lento, penetraba solo un poco en mi interior y se detenía para acomodarse al estrecho y oscuro lugar donde había entrado, proseguía con aquella técnica que me arrancaba lágrimas y gemidos, placenteros y lastimosos al mismo tiempo, hasta que toda la cavidad se adecuó al tamaño de su envergadura, hasta que todo rastro de dolor desapareció de mi rostro, entonces prosiguió con su ritmo frenético, sus manos aguantaban mi trasero con fuerza incluso lo movían a su antojo, mis pechos se movían en el aire, bailando el ritmo impuesto, arrancando de mi rugidos que resonaban bajo el oscuro puente olvidado, mis gritos se juntaron a los suyos y en una espiral de placer liberados nuestros gritos salvajes se unieron en uno solo, dejándonos exhaustos a ambos bajo la sombra de aquel puente.





Aquel puente olvidado era testigo del placer que dos desconocidos habían decidido darse al fresco de su regazo, escuchaba nuestros murmullos como llevaba haciendo durante muchos años, mudo ante los demás, pero lleno de recuerdos de muchas personas, que en el cobijo de sus sombras, habían vivido momentos irrepetibles en sus vidas, como yo y el joven de los labios dulces de sabor a fresa…



Comentarios

Agatha Blue* ha dicho que…
Con toda sinceridad Pandora:

Despues de esto, no sé que comentar.

Me veo en la obligación de hacerlo para que sepas que lo he leido y que me ha gustado mucho... pero lo que mas me apetece ahora es ir a refrescarme la cara... increible... como siempre.

Agatha Blue*
Daphne ha dicho que…
Qué ganas me han entrado de comer fresas....
Veïna ha dicho que…
Ai chica... que te echaba de menos !!!!!
Has conseguido que se me pase el frío ! jajajaja

Petonets
prometeo ha dicho que…
Despues de esto, al mercado a por fresas aunque yo no estoy para muchos trotes, por ahora...Levanta el animo leer algo asi en la mañana despues de un ibuprofeno y omeprazol y buscapina....promete mucho el dia.
Fabuloso relato, como siempre.
Un fuerte abrazo y no abras la caja....todavia.
Mescalino ha dicho que…
Pues bendita señora! Menos mal que le dio por cruzar la carretera!! ;)

Besos!
Genín ha dicho que…
Bonita tu nueva casa. Terra está imposible.
Seguiré visitandote por aquí.
Salud, Genín
Coco ha dicho que…
Mira nena tu sabes que me encantan tus relatos pero con ese pedazo de hombre me cuesta horrores concentrarme, ponme las fotos al final que si no me lo tengo que leer 7 veces.

Genial como siempre.

Besooooos
Veïna ha dicho que…
Pandora!!!

Ya tengo los pompones preparados para cuando recibas el premio!!!!

Buena suerte guapa y feliç castanyada !!!

Petonets
Estrella ha dicho que…
Hala, niños y niñas, todos a votar, un voto al día de cada uno de nosotros son un montón al final!!

Pandora... estás nominada!!

Besitos y feliz puente!!
El Aparcacuentos ha dicho que…
MI VOTO ES TUYO
El vecino del 4º ha dicho que…
esos encuentros son irrepetibles...son los que soñamos a diario y una vez de repente te los encuentras...

besos...tremendo, como siempre.


tu vecino del 4º

Posdata: pasa a por azucar, o a por fresas...

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