Antes de continuar tengo algo más que deciros que no dije en mi presentación, el cuerpo que me porta es de una mujer muy real, de carne y hueso, su nombre no puedo desvelarlo porque ella lo ha decidido así, y yo siempre respetaré sus decisiones. Pero no me gusta referirme a ella como “mi cuerpo” ya que ella no es mía sino parte de mí lo mismo que yo de ella. A ella también le gusta diferenciar cuando escribo yo o cuando lo hace ella por eso he elegido un nombre, una diosa griega, ¡Cómo no! Pero para mí tiene un significado especial, es la diosa de la salud, la que puede curar los males tal y como hizo conmigo cuando me dejó formar parte de ella, es un galantería que me permito, una forma de agradecer poder estar aquí, una forma de corresponder su generosidad…se llama Panacea.
Y como lo prometido es deuda creo que ahora ya puedo continuar con la historia que empecé…

Le encontré en un bar una tarde que había quedado con un ardiente conocido. Se me quedó mirando embelesado, cuando nuestras miradas se cruzaron, lo supe, si, desde ese mismo instante, supe lo que él había visto y porqué lo había visto. Se dio cuenta de ello por eso intentó evitarme.
Así que le di una excusa a mi acompañante que, aunque fastidiado porque acababa de perder la oportunidad de follar conmigo aquella noche, supo entenderme y me despidió con una agradable sonrisa.
Me senté a su lado en la barra del bar, él incómodo intentó apartarse pero con una mirada supo que no tenía nada que hacer, había caído en mis redes como esos pececillos que acaban en el plato de cualquier mesa. Él iba a ser mi plato aquella noche.
No había secretos, tanto él como yo sabíamos lo que éramos. No es fácil encontrar a alguien como yo en un mundo tan lleno de gente, las pocas veces que ocurre pueden pasar dos cosas, o ambos nos lanzamos a una entrega total y lo disfrutamos o como en aquella ocasión, tienes que hacer de psicóloga y demostrar que lo mejor es dejar que nuestro ser fluya dentro del cuerpo que hemos encontrado.

· ¿Te gusta?
· ¿Cómo dices?
· ¿Qué si te gusta tú cuerpo?
· No, ¿debería?
· Yo creo que si, más de una mujer está pendiente de ti esta noche. Claro que no saben que no tienen ninguna posibilidad estando yo aquí.

En ese momento recorrió el local en busca de aquellas mujeres de las que yo le estaba hablando, y se dirigió a mi.
· No puedo
· ¿Porqué?
· Tendría que abusar de este cuerpo, no creo que lo desee y además no lo he hecho nunca, no quiero obligarle.
· Mira a un cuerpo como el tuyo no creo que le moleste lo más mínimo- y dirigiendo mi mirada al bulto que tenía entre las piernas le dije- ¿Qué ha pasado para que te formes esa idea?
· Hubo una vez… quise ser yo una vez, pero él no quiso, nunca lo he vuelto a intentar.
· ¿Y qué pasó exactamente esa vez?
· Encontré a una chica, estaba con su novio y me sacaba de mis casillas, era casi más erótica que tú.

He de decir que aquel comentario me molestó un poco pero viendo que el pobre era muy novato decidí no decir nada y dejarle que me siguiera contando la historia, aunque ya imaginaba donde iría a parar.
· Me acerqué a ellos, la chica y yo nos tocamos, acariciamos y un poco más, pero cuando el novio también quiso participar esta polla inmensa se echó atrás y me dejó en evidencia- exclamó cabreado.
· ¿Me estás diciendo que tuviste un gatillazo porque un tío quiso participar?
· No, no fui yo, nunca dejaría pasar una noche de sexo, fue este cuerpo, Jandro se llama, sencillamente no quiso seguir, desperdició la ocasión de una de las mejores folladas que haya podido ver, tiene demasiados prejuicios en varios aspectos del sexo.
· ¿Cuánto llevabas con él?- pregunté pensativa, tenía que arreglarlo de algún modo para conseguir mi objetivo, soy egoísta lo sé, pero en mi condición no es una ofensa, sino todo lo contrario, denota mi franca personalidad.
· Poco, lo sé, pero imaginaba que le conocía bien.
· ¿Y por eso has dejado de intentarlo hasta con las mujeres? ¿Sabe lo que sé está perdiendo?
· Si, pero no quiero que vuelva a pasar, yo no le dejo a él y él no me deja a mi.
· Tengo la forma de arreglarlo, concédele tregua, deja que elija una presa enséñale lo que puede llegar a sentir y poco a poco podréis ir conociéndoos.
· Ya ha elegido
· Lo sé, ¿y que vas ha hacer al respecto?
· Follarte y demostrarle a este cuerpo todas mis habilidades.
· ¿No me pides opinión?
· No hace falta, has venido buscando eso precisamente, te olvidas de que lo he visto.
· Bien, estamos de acuerdo, ¿nos vamos?
·
Y los dos nos fuimos a su apartamento, precioso por cierto, a Panacea le encantaría vivir en un sitio como este dada su sensibilidad con la decoración, se hubiera corrido ella sola en cuanto hubimos abierto la puerta.
No sé si tenéis idea de lo que provoca en mi follar con alguien con las mismas cualidades que yo, y que además a todas luces, es prácticamente virgen. Para ello hay que estar bien preparada, despertar todo el potencial que tenemos no es fácil, hay que hacer que tiemble cada poro, cada recodo, para que se pueda tomar conciencia de todo lo que somos. Me propuse desde el primer momento hacer que fuera el mejor polvo de su vida, (el mío también) que él y su cuerpo entendieran todo lo que podían explotar y disfrutar, sin prisas, dejando que ocurriera poco a poco tal y como he aprendido al largo de muchas experiencias. Tenía que hacerlo realmente bien para compensar sus años de ascetismo, para demostrarle todas las ventajas de ser como somos, picar sus ganas de encontrar a otros a los que complacer a la vez que a él mismo.
Deslicé mis labios sobre la nuez de su garganta, fui besando hasta el lóbulo suavemente mientras él intentaba relajarse, susurraba en su oído palabras que sólo yo conozco logrando excitar todos los resquicios de su piel (¿no lo sabéis? La piel es el mayor órgano sexual del que disponemos). Después de lamer su cuello, dejándolo lleno de mis babas, acaricié cada centímetro de su espléndido cuerpo, ya tumbado en la cama le hice girar sobre si mismo para deleitarme con su espalda, froté mis senos contra sus omoplatos, restregué mi sexo sobre sus piernas dejando también que mis jugos cayeran sobre él, con cada roce yo me excitaba más, con cada caricia ese fuego que llevo dentro se iba encendiendo más, sabiendo que para él todo era nuevo.
Notaba su respiración contra el mullido colchón, a su vez él notaba toda mi piel sobre la suya, lenta, suave, caliente. Me entretenía en cada recodo, en la parte posterior de sus rodillas besándolas, en el interior de sus muslos, en los abombados cachetes de su culo, acaricié ese hueco que queda justo encima de las nalgas haciendo que por fin se erizaran todos los cabellos de su cuerpo. Se giró sobre si mismo sin que yo se lo pidiera, me mostró su rostro para que pudiera ver en el interior de sus ojos.

¡Vi fuego! llamas enormes en un baile grotesco, el deseo encendido en todo su esplendor, ¡lo había conseguido! Sus instintos se despertaron a la vez, el más primordial, primario, básico de todos, el sexo en estado puro. A partir de ahí no se resistió y dejó fluir sus ansias como creo que no había hecho nunca.

He de hacer un inciso para explicaros que realmente tenía una de las pollas más grandes y gordas que he visto en mucho tiempo ¡creedme! No es que me disgusten esas medianas morcillotas, todo lo contrario, me encanta jugar con ellas hasta que pueden ofrecerme todas sus virtudes, son muy buenas, pero no era el caso. Dicho esto prosigo con la historia que tenemos entre manos.

Agarrándome con fuerza me lanzó contra la cama tomando él la posición dominante, empezaba a salivar viendo mis erguidos pechos, se lanzó ávidamente a lamerlos y morderlos con una fuerza desmesurada, el dolor y placer que ello me causaba podía oírse sin mucho esfuerzo. Su polla rozaba mis muslos, se apretaba contra ellos, mi espalda se arqueaba mientras mi sexo goteaba imaginándola dentro de él. Noté la premura que sentía, la urgencia que regía sus movimientos, abrí mis piernas ofreciéndole mi sexo húmedo, no dudó, con un impulso salvaje se metió en él haciéndome exclamar de dolor y lujuria, con cada embate mi cuerpo temblaba, con cada asalto que recibía me regocijaba más sintiendo aquella polla enorme bailar dentro de mi. Fueron instantes, relámpagos, que no duraron más de lo que dura una tormenta en primavera, y él explotó derramándose por dentro y por fuera gritando al hacerlo, aullando de placer, sus jugos que tanto tiempo habían estado varados navegaban ahora entre mis muslos y mi sexo vibrante.
Le dejé coger aliento, respirar ese aire que durante unos instantes se olvidó de tomar, tan grande es el placer de una corrida entre nosotros que nos hace olvidar ese aire que para vosotros es tan imprescindible. No tardó más que un soplo en recuperar su vigorosidad y me encontré con su lengua limpiando todo lo que había empapado anteriormente, disfrutaba con ello y a la vez me hacía tomar conciencia de cuan grandes pasos daríamos a continuación.
Se desveló como un amante mejor que perfecto, supo reconducir mis jadeos hasta una sensación de placer continúo que parecía no tener fin, a cada momento se reinventaba sendas nuevas que me dejaban extasiada proporcionándome tal placer que acabé por abandonarme y quedar completamente a su merced. Supo aprovecharlo y darme entonces todo ese placer que antes sólo había obtenido él. Chorreando como estaba me hizo darme la vuelta, con una mano levantó mi culo mientras que con la otra no dejaba de frotarme, deslizaba sus dedos entre los agujeros de mi cuerpo indistintamente, por un momento temí por la salud de Panacea, ya que si la primera envestida en mi coño había sido dolorosa no podía imaginar que pasaría si la introducía con el mismo frenesí por mi culo, pero comprobé que había hecho un buen trabajo de lubricación y fue de lo más delicado al penetrarme, despacio, suave, podía notar el corazón en cada centímetro que ocupaba. Si antes había quedado por completo a su disposición ahora ya no me quedaba más que entregarle que mi propio goce. Poco a poco sus movimientos fueron acelerando, mis pechos bailaban a la par que sus embistes, sus dedos seguían, pese al movimiento de mi cuerpo, deslizándose entre mi clítoris y mi vulva, la locura se había instalado en mi, podía notar casi cada gota de sangre del cuerpo en mi coño y en mi culo, al borde de un precipicio, hinchándome de tal forma que me llevaría sin duda a explotar de forma desmesurada.
De pronto cesó, mi cuerpo convulsionaba pidiendo más, gemía del sufrimiento que me producía la sensación de vacío que su polla había dejado, le miré rabiando, y vi su sonrisa torcida, se abalanzó y volvió a lamerme como lo había hecho antes, yo no quería su lengua, necesitaba su polla, que acabara todo aquello que había empezado, me resistí intenté cerrar las piernas para que se apartara, me tenía sujeta por las rodillas y no podía, forcejeamos, en realidad sólo yo lo hice, él, imperturbable, seguía bebiendo de mi sexo, introduciendo su lengua hasta sitios que no había sentido nunca con una persona normal. Me sentía violenta, repleta de una agresividad que no había experimentado nunca, sudorosa, súper excitada, tenía ganas de arrancarle la piel, de tomar su polla en mis manos y yo misma introducírmela en el coño, pero no hizo falta, de pronto aflojó su presión y se colocó sobre mi, sin más movimiento su polla se introdujo en mi interior arrasando, empujando, arremetiéndome violentamente, casi no podía focalizar mi mirada de la rapidez con la que se movía, así exploté llegando a un primer orgasmo que batió todas las expectativas, haciendo renacer todo mi ser. Empapé su polla con mi corrida, pero no se detuvo, continuó penetrándome mientras que sucesivos orgasmos no dejaban de llegar, a cada uno, mis músculos se contraían aprisionando su sexo, gozábamos los dos, nos complacíamos ambos.

Hizo que mi posición cambiara sin apenas esfuerzo, quedé sentada sobre él, con su miembro dentro, le cabalgué a la vez que él saboreaba mis pechos enrojecidos por sus mordiscos, mis movimientos cada vez fueron más rítmicos, más audaces, ahora ya con cada gemido podía conocer la cantidad de placer que él experimentaba, supe controlarme un par de orgasmos más esperando para poder correrme otra vez con él. Cuando ocurrió yo me vaciaba a la vez que él me llenaba, una sensación incomparable a ninguna otra. Sus aullidos y los míos se mezclaban, no podría decir donde empezaba yo y donde él, seguíamos moviéndonos, balanceándonos el uno sobre el otro y su miembro no menguaba, podíamos seguir todo el día y de hecho lo hicimos…

Aquel polvo fue irrepetible, la sensación de desvirgar a alguien supera cualquier expectativa que te marques, a mi me sorprendió la capacidad de reacción, de lo poco que me costó hacer despertar sus sentidos, de lo rápido que él recordó lo que mejor se le daba y de lo bien que supo ponerlo en práctica.

Siempre recordaré a Jandro mi primer desvirgado…aunque…hubo otras veces que… bueno eso será otro relato, pero como siempre a cambio de algo…

Y esta vez… ¿Qué podéis ofrecerme?? Me gustaría conocer vuestras experiencias ¿Habéis desvirgado a alguien? ¿Qué ocurrió cuando os desvirgaron a vosotros? ¿Fue un buen polvo?¿?¿

Comentarios

Lydia ha dicho que…
Yo no he desvirgado a nadie (al menos que se sepa..jeje..) pero en cambio cuando fui yo la desvirgada, no fueron sensaciones maravillosas, ni extraordinarias, ni únicas... bueno, lo de únicas puede que sí. Pero no había glamour, ni nada especial, quizás no acerté con la persona adecuada...
juan rafael ha dicho que…
Mira: yo eché dos polvos y tuve dos hijos y ya he parado ¿qué más quieres que te diga? jajajaja
LUIS TORRES ha dicho que…
vaya que historia la tuya...

ya quisiera ser el protagonista y desvirginar chicas...no creo ke a mis treinta años logre hacer algo asi,,,

en el blog de frayjodas esta la pose del 69 aver si la practicas...

saludos
Genín ha dicho que…
jajajajaja Madre del amor hermoso
¡Que imaginación!
¡Quien pudiera, eh Pandora! jajaja
¿Quieres creer que no recuerdo cuando e desvirgaron? Seguro que fuí yo...jajaja
No me gusta desvirgar, es una gran responsabilidad hacerlo perfecto, de lo contrario a ella le pudieran quedar traumas irreversibles.
Creo que siempre lo hice correcto...Al menos eso decía mi mujer...jajajaa
Besos y salud
Pablete ha dicho que…
Si, he desvirgado a tres chicas, intentando hacerlo con mucha delicadeza y siendo consciente de cuanto se puede "estropear" a una mujer si no se hace bien....
Cuando me desvirgaron a mi, aparte que fue en el siglo XVII, fue visto y no visto. Eso estaba tan rico y tan calentito y suave, que nada más meter la puntita..... pffft....y adiós, muy buenas....el segundo ya fue mucho mejor y sentir esa sensación de tener la polla dentro de un coñito me ha marcado para siempre....creo, que si no pudiera hacer el amor (o follar) por cualquier circunstancia, me pegaría un tiro.
Como vulgarmente se dice "meterla en caliente", dar y recibir placer, es una sensación sublime.....

Besos húmedos ahí mismo.....
davinia ha dicho que…
uf!! pandora, descubrir hoy tu blog ha sido fantástico, aunque veo que los pocos relatos que he escrito yo en el mio no son nada comparados a los que he leido aquí.me encanta como escribes, te seguire visitando.
a mi me desvirgaron pero no me entere, él era virgen también y fue todo tan rápido que no me enteré. la 2ªvez ya fue mejor.
y no, no he desvirgado a nadie, aunque me encantaría...
Amaya ha dicho que…
La primera vez fué algo maravilloso, Pandora..Superó con creces todas mis expectativas, apenas senti dolor, de hecho lo recuerdo como un nacimiento, un amanecer a una nueva mujer en medio del fuego y la locura..
Mil besos
pandora ha dicho que…
veo que hacéis los deberes...jeje, me encanta saber de vuestra historias....

un beso, pandora.
Alba ha dicho que…
Pues yo no quiero ni acordarme, con eso te digo todo. Fue penoso. Así que voy a acordarme de la primera vez con mi pareja actual y eso sí que fue un buen polvo, ya lo creo

Besos
Prometeo ha dicho que…
Regreso de una intervencion menor ya pase las dos semanasd e reposo abasoluto: libros, cine, libros, escritos....y me esperan dos mese de repsos activo...un coñazo, claro que os tengo a vosotras y espero se me haga leve la hsitoria y no la histeria, me voy a ver mi capitulo de la serie que me he puesto a seguir...un fuerte abarzo,
Pablete ha dicho que…
¿Se te acabó la inspiración, preciosa?
Paso casi a diario por esta tu casita para ver si hay algo nuevo y para que me invites a café....

Pasa una buena Semana Santa y a la vuelta te quisiera ver por aquí....

Un besazo donde tu me dejes dártelo.....
Anónimo ha dicho que…
Mi primera vez duro dos semanas... no había manera... hasta que al final pudo entrar... eramos los dos vírgenes y con poca idea....
Asi que cuando me desvirgaron, desvirgué yo también...
A estas alturas de mi vida... prefiero hombres con experiencia.... me encanta tu blog,sigue así....

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